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Iglesia, diálogo y concertación en República Dominicana (CELAM)

Enviado en 24 septiembre, 2004 Para 6:52 pm Escrito por en Ponencias

República Dominicana es una nación de casi nueve millones de habitantes, con mucho fervor católico. La Iglesia Católica es la institución más respetada por el pueblo dominicano. En momentos históricos cruciales de nuestra vida democrática, la Iglesia Católica ha tenido roles estelares, en su interés por fortalecer el sistema político dominicano, y reivindicar los valores morales y éticos que deben tener tanto gobernantes como gobernados.

Su Santidad, el Papa Juan Pablo II ha visitado en tres oportunidades al país. La primera visita fue en el año 1979, con motivo de un encuentro de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica (CELAM), celebrado en Santo Domingo. La segunda vista fue en el año 1984, también con motivo de otro encuentro de la Conferencia Episcopal de Latinoamérica, también celebrado en Santo Domingo. Y la tercera visita fue en el año 1992, con motivo del V Centenario de la Evangelización de América.

Tenida siempre como un referente moral, la Conferencia del Episcopado Dominicano mediante Cartas Pastorales, documentos y declaraciones ha intervenido y mediado en diferentes conflictos sociales, económicos y políticos que han fortalecido la democracia dominicana. De manera fundamental, y al margen de otras actuaciones, hay que situar en el año 1985 como el inicio, de manera sistemática, del rol de concertación de la Iglesia Católica, papel que se ha venido desempeñando de manera eficaz, no libre de obstáculos, hasta nuestros días.

Fue en el año 1985, cuando la Conferencia del Episcopado Dominicano publicó su Carta Pastoral del 21 de enero en la que planteó la iniciativa de celebrar un encuentro de empresarios, dirigentes sindicales y representantes gubernamentales a fin de analizar las causas de la crisis económica que se vivía en ese entonces y sus posibles soluciones. Esta Carta Pastoral planteó la necesidad de buscar un consenso para lo siguiente:

"- Necesidad de objetivos y metas nacionales supra-partidos;"

"- Defensa de los intereses de los pobres a corto y a largo plazo en los acuerdos sociales;"

"- Delineamiento de las grandes metas y medios principales de la política económica y social, más acordes con nuestra posibilidad y las de un mundo exterior sumido en grave crisis;"

"- Rasgos fundamentales de un nuevo estilo de vivir que dé mayor importancia y cabida al sentido de la vida y que no se base en recetarios que simplemente pretendan amortiguar los efectos de un proceso económico aceptado como inevitable;"

"- Seguridad ante las leyes que se promulguen y de que estas no tengan efecto retroactivo."

Fue el inicio del Diálogo Tripartito que tuvo como puntos luminosos la formalización del "Pacto de Solidaridad Económica" de 1990, el nuevo Código de Trabajo de la República Dominicana en el 1992, la Reforma Social que originó la Ley que crea el Sistema de Seguridad Social del 2002, y la Reforma del Estado, que, entre otros aspectos, motivó la reforma de la Constitución de la República del 1994.

Es en estas tres áreas (laboral, social y estatal) que marcan el inicio de la concertación en el país como mecanismo para la solución de conflictos. Claro que este mecanismo de concertación no es original de la República Dominicana sino que fue el resultado de adoptar las experiencias de países como España y Chile.

Adicionalmente al Diálogo Tripartito, la Iglesia Católica ha jugado un papel estelar en tensiones de carácter político, como la crisis post electoral de 1994, que dio lugar al Pacto por la Democracia, que reformó la Constitución de la República. En ese sentido, hay que destacar que la reforma del Poder Judicial dominicano, así como la credibilidad que ha ganado en el terreno la Junta Central Electoral, el órgano rector de las elecciones en el país, ha sido por la también por la mediación de la Iglesia ante los actores políticos.

Más recientemente, y siguiendo la experiencia española, este año se ha creado el Consejo Económico y Social como ente aglutinador de las fuerzas vivas de la nación para trazar la agenda de desarrollo económico y social del país, y que está presidido por un prestante miembro de la Iglesia Católica.

Como se puede apreciar, la experiencia dominicana ha sido positiva en el marco de la intervención de la Iglesia en la concertación y el diálogo.

Quizás, el último elemento que faltaría por abordar es el relativo a la ausencia de un organismo que pudiera estar adscrito a la Conferencia del Episcopado Dominicano, que estuviera integrado por políticos laicos con el propósito de dotar a la Conferencia de la visión política, desde el punto de vista de la doctrina social de la Iglesia, sobre los diferentes acontecimientos y temas que van desde la globalización, el sistema de los partidos políticos, el endeudamiento externo, la ecología, los valores familiares y otros temas de interés social. Ese debe ser el próximo desafío para completar la misión de concertación que, con muy buen ganado mérito, se ha ganado la Iglesia Católica en el país, como una de las garantes de la estabilidad democrática y de respeto de todos los ciudadanos.

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