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Más democracia

Enviado en 21 septiembre, 2004 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

La crisis que se vive a nivel mundial, a la cual no escapa la República Dominicana, provocada por los altos precios del petróleo, la inestabilidad de los mercados, los cambios tecnológicos, y la inseguridad ciudadana, ha generado una situación de desequilibrio que algunos entienden que podría poner en riesgo el sistema democrático y también la propia economía de mercado. A mi juicio, la única respuesta a esta situación es más democracia.

El problema central de la democracia podría resolverse con una frase de Adolfo Suárez que se hizo célebre en la transición política de España: “hacer normal en las instituciones lo que es normal en la calle”. El gran desafío de nuestro país es adecuar a las instituciones con la realidad del Siglo 21. Ciertamente hay instituciones que se han reformado y otras están en vía de reformarse, pero también hay mucho camino por recorrer para reinventar el sistema de partidos políticos, y con ello, también cambiará la realidad nacional. Hay dos ejemplos, el más vital, la educación, y el otro los servicios públicos.

La primera tarea de la escuela, tarea que no se cumple totalmente a cabalidad, no es transmitir conocimientos sino formar ciudadanos. Las autoridades de educación deben asumir el liderazgo y dotar de un código de valores vitales a los niños y niñas que los haga ciudadanos de una democracia participativa el día de mañana. Dar una cosmovisión que permita que permita al alumnado orientarse en el futuro y enseñarle que, en la articulación de sus vidas, no puede renunciar a sus derechos y a sus responsabilidades como ciudadanos.

Esta educación en actitudes es la adecuada para el saber y para el vivir. Para el saber porque el conocimiento que históricamente ha funcionado por acumulación, hoy funciona sabiendo cómo y para qué conectar con esa avalancha de conocimientos. Para el vivir porque la democracia tiene como único punto de apoyo a los hombros de los demócratas. La solidez de un sistema democrático descansa en la responsabilidad que los ciudadanos asumen con el mismo. Y se trata de una responsabilidad que no es transferible a los demás y que es un gran déficit de las democracias actuales.

A menos de un metro entre el papel de las autoridades y la sensibilidad de la calle están los servicios públicos. Su buen funcionamiento, a través de la capacidad reguladora del Estado, es un importantísimo factor de legitimación del Estado, y su mal funcionamiento incita la desidia de los ciudadanos. El contraste entre el servicio público de telecomunicaciones y el servicio público de electricidad es el mejor ejemplo de lo antes expresado. La buena regulación de los servicios públicos importa a los ciudadanos. Este funcionamiento eficiente debe ser un objetivo central de la clase política nacional. Y el reto no es solo tratar a los ciudadanos como usuarios, sino garantizarles una calidad equivalente como mínimo a la que tienen los clientes del sector privado, pero tratándolos con los derechos y el respeto que se deben a los ciudadanos.

Hay que luchar contra el riesgo latente de que la democracia dominicana se oxide. Los dominicanos queremos más democracia en todos los ámbitos. Hay que apostar a ello, pues la solidez de nuestro sistema democrático descansa en la responsabilidad que los ciudadanos asuman con el mismo.

El autor es abogado.

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