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Hágase la luz

Enviado en 18 octubre, 2004 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

La prensa de los últimos días reporta, una vez más, la situación crítica que está atravesando el sistema eléctrico del país. Los reportajes varían desde el cambio de vida que han tenido que hacer los habitantes de barrios y ensanches para ajustarse a los “apagones” de más de doce horas, hasta los encuentros y talleres que se han realizado en donde expertos han expuestos sus opiniones y estudios sobre este tema.
Fue en el Seminario auspiciado por ANJE la semana pasada, que se palpó la complejidad del sector energético, cuando se confirmó – lo ya conocido – de que detrás de los “apagones” existe una crisis financiera que se refleja en el marco de las relaciones jurídicas que conforman el sector, esto es, generadoras, transmisoras y distribuidoras. En el fondo de este triángulo, están los usuarios.

La administración del entonces presidente Hipólito Mejía tuvo razón cuando advirtió la realidad de los “apagones financieros”. El fragor de la campaña electoral impidió que esto se entendiera. Hoy, los hechos le están dando la razón. El informe presentado recientemente por la firma Globeleq en el mencionado seminario, y publicado en El Caribe, afirma que las deudas han estrangulado las finanzas del sistema, lo que ha provocado la crisis en el suministro de energía y paralizado las actividades comerciales.

En el sector eléctrico existe una amplia gama de relaciones jurídicas generadas antes de la promulgación de la Ley de Reforma de la Empresa Pública, que fue el paso previo, no táctico, a la aprobación de la Ley General de Electricidad, que creó a la Superintendencia de Electricidad y a la Comisión Nacional de Energía. Los reguladores fueron creados ex-post la capitalización. Luego, el marco jurídico se fue complicando con negociaciones y renegociaciones, incluyendo la re-estatización de las empresas distribuidoras.

La actual crisis energética se parece, guardando las distancias, a lo ocurrido en el Estado de California en el 2000 y 2001. En ese entonces, la Comisión de Empresas de Servicios Públicos de California determinó que la mayoría de los apagones que sufrió California en esos años tuvieron lugar no porque la capacidad de generación fuera inadecuada sino porque las principales compañías generadoras de energía mantuvieron buena parte de su capacidad fuera de servicio. La crisis de California terminó cuando las autoridades reguladores tomaron medidas para proteger a los usuarios. Hoy día, California es otra historia.

Propicia es la ocasión para reivindicar el fortalecimiento de la autoridad reguladora de la Superintendencia de Electricidad. Como órgano autónomo del sector eléctrico, la Superintendencia podría, en virtud de los principios rectores de la mínima intervención y de transparencia, revisar la infraestructura reglamentaria y adecuarla a la realidad existente, estableciendo reglas claras entre los actores del sector y los usuarios de este servicio público. Ahí podría estar el principio del fin para que sea realidad la frase bíblica: hágase la luz!

El autor es abogado.

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