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Don Manuel, el sembrador

Enviado en 16 noviembre, 2004 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Conocí a don Manuel Corripio desde mi época de estudiante de Derecho en la universidad. Tengo la imagen grabada en mi mente de las veces que lo vi despachando asuntos propios de su trabajo en sus oficinas de la Calle Emilio Prud-Homme, y posteriormente en sus oficinas de la Avenida Núñez de Cáceres. Siempre me llamó la atención su sencillez y humildad, características inherentes a su personalidad.

Ejemplo de hombre bueno y bondadoso. Solidario en las buenas y en las malas. Hecho de una estirpe que es muy escasa en las sociedades modernas, en donde prima el individualismo y el materialismo. Hombre respetado y admirado.

Sus obras no solo son haber fundado diferentes empresas que han contribuido con el desarrollo del país, sino que su interés por la República Dominicana lo llevó a extender su solidaridad hacia la cultura y la educación. Asimismo, se erigió como estandarte de la migración que pisó la tierra dominicana para hacerla fértil. Fue hombre de trabajo.

El padre Ernesto Martín genialmente lo describió cuando afirmó: ‚El va a trabajar por nosotros, nos va a preparar el lugar; lo preparó durante toda su vida porque nació trabajando y eso fue lo que aprendió de sus padres. Trabajó para su familia. Pero no fue suficiente, él siempre quiso algo más y más grande para sus hijos‚ Rara vez he encontrado a alguien con la riqueza que llegó a tener don Manuel, y por lo tanto con el poder que traen esas riquezas, y que viva desprendido de todo eso. Él vivía completamente despegado‚.

Recuerdo también haberle visto en múltiples ocasiones con su ropa de campo, sembrando toda clase de árboles. En una ocasión, le había regalado unos panales de miel, de las abejas que mi familia tiene en el patio, y él estaba en plena faena sembrando unos árboles, y cuando me vio, dejó su actividad para darme las gracias y comentarme que la miel estaba sabrosa. Ahí comprobé una vez más, sus excepciones condiciones humanas.

Su principal siembra, a parte de su ejemplo, fue y es su familia. Y hay que resaltar que en una época tan convulsionada, como la actual, en la que se existe un bombardeo de informaciones sobre la crisis de valores que está viviendo la sociedad, hay excepcionales ejemplos de vida familiar apegada a los conceptos cristianos que Jesús nos enseñó. La unidad familiar, así como la educación y la experiencia práctica de conocer a los seres humanos, son parte de la siembra que don Manuel lega a la sociedad dominicana.

En una ocasión leí que la ética significa la búsqueda de la mejor manera posible de vivir, búsqueda de la mejor vida posible, pero vida humana, es decir, compartida con aquellos que también son capaces de libertad y que hacen posible, en su mutua relación, el desarrollo del individuo. Don Manuel fue ejemplo de una buena vida, llena de experiencias e ilusiones hechas realidad. Su ejemplo será imperecedero.

Mi solidaridad con don Pepín y doña Ana María, Manuel y Rafaela, José Alfredo y Laura, Lucía y Alejandro, y Ana y Rafael, así como a toda la familia.

El autor es abogado.

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