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La buena educación

Enviado en 04 enero, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Todos coinciden que la educación es vital para el desarrollo del país. La diferencia surge en cómo implementar políticas públicas que tiendan a priorizar la educación. Indudablemente que, en los últimos años, ha habido logros significativos en materia de educación, a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Las aulas virtuales y los proyectos de tele-educación, así como el programa “profesor conectado”, son ejemplos de buenas políticas públicas.

No obstante, menos del 4% del PIB se dedica a la educación. El presupuesto de la Nación, recientemente aprobado, nos trae adicionalmente algunos datos que reducen las partidas asignadas a la educación. Por ejemplo, con respecto al 2004, el presupuesto de la Secretaría de Estado de Educación tiene una variación porcentual de -7.94%, al habérsele asignado ahora $99,963,237 en comparación con los $108,590,200 consignados en el presupuesto anterior. Asimismo, el presupuesto de la Secretaría de Estado de Educación, Ciencia y Tecnología también tiene una variación porcentual de -7.94%, al habérsele asignado en el 2005 el monto de $60,089,308 en comparación con los $65,275,097 del 2004.

Un estudio reciente de la CEPAL titulado “America Latina y el Caribe en la era global” (2004) ha advertido que “los rezagos sociales en América Latina y el Caribe, los de mayor relevancia para una mejor inserción internacional son aquellos relacionados con educación, empleo y protección social”.

Continúa señalando el estudio que “los países de la región continúan avanzando hacia la universalización de la educación primaria y han logrado aumentar la cobertura de la educación secundaria hasta alcanzar en promedio un 70%, aunque con amplias disparidades, puesto que ésta fluctúa entre un 90% en Chile y menos de 45% en algunos países centroamericanos. A pesar de estos adelantos, la brecha existente en este ámbito entre la región, por otra, se ha ampliado, tanto en lo que respecta a la cobertura de la educación secundaria y superior como respecto al nivel de aprendizaje.”

Para combatir esta realidad, una alternativa a ponderar debería ser redistribuir el subsidio a la educación superior en las universidades, y establecer programas que beneficien a jóvenes talentosos y de escasos recursos comprobados, para que ellos elijan la institución de educación que quiera, con la obligación de devolver el subsidio cuando sea profesional. Si así se hiciera, es lógico pensar que muchos de estos jóvenes elegirían carreras de los centros de formación técnica e institutos profesionales. Con esto se estaría multiplicando el número de jóvenes posible de educarse con los mismos recursos. Un título técnico es un pasaporte seguro para salir de la miseria. Si el país ejecuta buenas políticas de educación habrá dado un paso decisivo para mejorar la distribución del ingreso vigente. No es políticamente fácil, pero es de justicia.

El autor es abogado.

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