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Juan Pablo II

Enviado en 02 marzo, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

La globalización que impera en las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI ha obligado a los Estados a reorganizarse en un plano supranacional y a organizaciones internacionales como la ONU a renovarse, y ha llevado, también, a una institución milenaria como el papado a reformarse para dar a las incipientes aperturas ecuménicas e interreligiosas la perspectiva en la cual tanto la Iglesia Católica como las demás iglesias cristianas y las otras religiones puedan conocerse mejor y contribuir, en conjunto, a la instauración de un nuevo sistema de valores en la vida de los pueblos.

En el centro de este nuevo recorrido, está la figura de su Santidad Juan Pablo II, quien a lo largo de su pontificado de más de veinticinco años, ha estudiado constantemente la historia hasta ganarse un puesto entre los grandes protagonistas de las transformaciones que en cada época tuvieron lugar en este espacio de tiempo.

Juan Pablo II ha hecho que la Iglesia alcanzara nuevos objetivos, intensificando, con el impulso del Concilio Vaticano II y de sus predecesores, el diálogo con las demás religiones, con las diversas culturas, con los diferentes sistemas sociales y políticos. Ha sido un guardián de la paz en contra de la guerra y de las injusticias, y defensor de quienes no tienen quien los defienda.

En su largo pontificado, Juan Pablo II ha afrontado con este espíritu de diálogo, que no tiene alternativa en un mundo globalizado, las grandes cuestiones internacionales de nuestro tiempo, como la guerra y la paz, optando por esta última como elección definitiva junto con la justicia, para ir a la raíz del actual malestar mundial.

Ha contribuido a poner en evidencia que las causas de muchos males hay que buscarlas en la pobreza de millones de personas, en las desigualdades sociales, que humillan e impiden a gran parte de los pueblos de Africa, Latinoamérica y Asia convertirse en protagonistas de la política mundial, en igualdad con los países industrial y tecnológicamente más avanzados.

Al hacerse cargo de estos temas, Juan Pablo II se ha constituido en guía espiritual no sólo de los católicos, sino también de todos los cristianos y de toda la humanidad. Así su papel espiritual se ha extendido más allá de los 180 estados que tienen embajadores ante la Santa Sede y de las organizaciones internacionales que acogen a sus representantes. Recordemos a Juan Pablo II luchando por la superación de una Europa divida en dos bloques político-militares enfrentados, hasta el punto de contribuir a la caída, en 1989-1991, de la cortina de hierro que separaba a la Europa del Este.

Su deseo de vivir le ha dado una demostración al mundo de lo que se llama tener voluntad. Su liderazgo moral es un referente en todos los aspectos de la vida. Juan Pablo II, quien ha visitado tres veces a República Dominicana, ha hecho realidad su misión evangélica de llevar el mensaje cristiano a todos los pueblos “hasta los más lejanos confines de la tierra”. Desde esta columna, hago votos por su pronta recuperación para continuar en “la búsqueda de nuevos caminos para construir la Iberoamérica del mañana”.

El autor es abogado.

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