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La educación, responsabilidad de todos

Enviado en 13 marzo, 2005 Para 7:06 pm Escrito por en Ponencias

Palabras del Lic. Orlando Jorge Mera en el dialogo ciudadano “la educacion, responsabilidad de todos”.
Santo Domingo, 13 de marzo de 2005.

Señoras y señores:
Quiero agradecer la presencia de todos ustedes a la presentación de esta iniciativa que hemos denominado “Diálogo Ciudadano”, para tratar en esta ocasión, un tema de suma trascendencia para el presente y el futuro de los dominicanos, como lo es la educación.

Con el propósito de crear espacios en que se generarán conversaciones referidas a cómo abordar diferentes temas que forman parte de las inquietudes de la ciudadanía, “Diálogo Ciudadano” representa una oportunidad para conversar y discutir, sin banderías partidarias, sobre el destino de los dominicanos. Este foro forma parte de una nueva visión sobre la integración de todos los sectores nacionales a favor de incrementar el desarrollo político, social y económico del país.

En el campo de la educación, hemos reunido a un panel integrado por intelectuales, profesores y estudiantes que abordarán desde su propia perspectiva, los desafíos que tiene la República Dominicano en esta área. La presencia aquí del Dr. Ángel Hernández, don Víctor Villegas, la profesora Ángela Martínez y del estudiante John Anderson es una digna representación de la comunidad educativa del país.

Antes de pasarle la palabra a tan respetado panel, permítanme expresar mi visión sobre las políticas públicas en materia de educación. Y cuando se habla de educación, se habla de democracia.

La crisis que se vive a nivel mundial, a la cual no escapa la República Dominicana, provocada por los altos precios del petróleo, la inestabilidad de los mercados, los cambios tecnológicos, y la inseguridad ciudadana, ha generado una situación de desequilibrio que algunos entienden que podría poner en riesgo el sistema democrático y también la propia economía de mercado. A mi juicio, la única respuesta a esta situación es más democracia.

El problema central de la democracia podría resolverse con una frase de Adolfo Suárez que se hizo célebre en la transición política de España: “hacer normal en las instituciones lo que es normal en la calle”. El gran desafío de nuestro país es adecuar a las instituciones con la realidad del Siglo 21. Ciertamente hay instituciones que se han reformado y otras están en vía de reformarse, pero también hay mucho camino por recorrer para reinventar el sistema de partidos políticos, y con ello, también cambiará la realidad nacional. Hay dos ejemplos, el más vital, la educación, y el otro los servicios públicos.

La primera tarea de la escuela, tarea que no se cumple totalmente a cabalidad, no es transmitir conocimientos sino formar ciudadanos. Las autoridades de educación deben asumir el liderazgo y dotar de un código de valores vitales a los niños y niñas que los haga ciudadanos de una democracia participativa el día de mañana. Dar una cosmovisión que permita al alumnado orientarse en el futuro y enseñarle que, en la articulación de sus vidas, no puede renunciar a sus derechos y a sus responsabilidades como ciudadanos.

Esta educación en actitudes es la adecuada para el saber y para el vivir. Para el saber porque el conocimiento que históricamente ha funcionado por acumulación, hoy funciona sabiendo cómo y para qué conectar con esa avalancha de conocimientos. Para el vivir porque la democracia tiene como único punto de apoyo a los hombros de los demócratas. La solidez de un sistema democrático descansa en la responsabilidad que los ciudadanos asumen con el mismo. Y se trata de una responsabilidad que no es transferible a los demás y que es un gran déficit de las democracias actuales.

A menos de un metro entre el papel de las autoridades y la sensibilidad de la calle están los servicios públicos. Su buen funcionamiento, a través de la capacidad reguladora del Estado, es un importantísimo factor de legitimación del Estado, y su mal funcionamiento incita la desidia de los ciudadanos. El contraste entre el servicio público de telecomunicaciones y el servicio público de electricidad es el mejor ejemplo de lo antes expresado. La buena regulación de los servicios públicos importa a los ciudadanos. Este funcionamiento eficiente debe ser un objetivo central de la clase política nacional. Y el reto no es solo tratar a los ciudadanos como usuarios, sino garantizarles una calidad equivalente como mínimo a la que tienen los clientes del sector privado, pero tratándolos con los derechos y el respeto que se deben a los ciudadanos.

Hay que luchar contra el riesgo latente de que la democracia dominicana se oxide. Los dominicanos queremos más democracia en todos los ámbitos. Hay que apostar a ello, pues la solidez de nuestro sistema democrático descansa en la responsabilidad que los ciudadanos asuman con el mismo.
Todos coinciden que la educación es vital para el desarrollo del país. La diferencia surge en cómo implementar políticas públicas que tiendan a priorizar la educación. Indudablemente que, en los últimos años, ha habido logros significativos en materia de educación, a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Las aulas virtuales y los proyectos de tele-educación, así como el programa “profesor conectado”, son ejemplos de buenas políticas públicas.

No obstante, menos del 4% del PIB se dedica a la educación. El presupuesto de la Nación, recientemente aprobado, nos trae adicionalmente algunos datos que reducen las partidas asignadas a la educación. Por ejemplo, con respecto al 2004, el presupuesto de la Secretaría de Estado de Educación tiene una variación porcentual de -7.94%, al habérsele asignado ahora $99,963,237 en comparación con los $108,590,200 consignados en el presupuesto anterior. Asimismo, el presupuesto de la Secretaría de Estado de Educación, Ciencia y Tecnología también tiene una variación porcentual de -7.94%, al habérsele asignado en el 2005 el monto de $60,089,308 en comparación con los $65,275,097 del 2004.

Un estudio reciente de la CEPAL titulado “América Latina y el Caribe en la era global” (2004) ha advertido que “los rezagos sociales en América Latina y el Caribe, los de mayor relevancia para una mejor inserción internacional son aquellos relacionados con educación, empleo y protección social”.
Continúa señalando el estudio que “los países de la región continúan avanzando hacia la universalización de la educación primaria y han logrado aumentar la cobertura de la educación secundaria hasta alcanzar en promedio un 70%, aunque con amplias disparidades, puesto que ésta fluctúa entre un 90% en Chile y menos de 45% en algunos países centroamericanos. A pesar de estos adelantos, la brecha existente en este ámbito entre la región, por otra, se ha ampliado, tanto en lo que respecta a la cobertura de la educación secundaria y superior como respecto al nivel de aprendizaje.”

Para combatir esta realidad, una alternativa a ponderar debería ser redistribuir el subsidio a la educación superior en las universidades, y establecer programas que beneficien a jóvenes talentosos y de escasos recursos comprobados, para que ellos elijan la institución de educación que quiera, con la obligación de devolver el subsidio cuando sea profesional. Si así se hiciera, es lógico pensar que muchos de estos jóvenes elegirían carreras de los centros de formación técnica e institutos profesionales. Con esto se estaría multiplicando el número de jóvenes posible de educarse con los mismos recursos. Un título técnico es un pasaporte seguro para salir de la miseria. Si el país ejecuta buenas políticas de educación habrá dado un paso decisivo para mejorar la distribución del ingreso vigente. No es políticamente fácil, pero es de justicia.

Señoras y señores, la República Dominicana necesita una revolución en el ámbito de la educación, por lo que se requiere el concurso de la ciudadanía. Valiosos son y serán los aportes de los profesores, de los padres, de los alumnos, de las universidades, de los medios de comunicación, de los empresarios y de los dirigentes sociales. La opinión de todos importa. Salgamos de este evento con acariciar la idea y el sueño de que, si queremos que nuestro país avance, como yo sé que es el sentir de los presentes, tenemos que entender que la educación es responsabilidad de todos.

Muchas gracias,

Orlando Jorge Mera.

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