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Valores democráticos

Enviado en 24 mayo, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

La derogación del decreto ‚ reglamento que disponía el nuevo ordenamiento legal de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía es una demostración de la necesidad de transparentar las propuestas de políticas públicas, a través de procesos de consultas públicas. Hay que reconocer también la rectificación en el caso de la especie, dado que, a todas luces, el reglamento originalmente aprobado contenía violaciones a la Constitución de la República, de manera muy particular en lo relativo al mecanismo de censura previa.

El caso anterior ilustra que el arte de gobernar, en estos tiempos de globalización, implica estar cerca de los ciudadanos. Los gobiernos están para reconocer y aceptar que hay problemas, para tratar de entenderlos e interpretarlos, y para intentar resolverlos, no para disimularlos o para ocultarlos; no para crearlos; en ningún caso para exacerbarlos. Los gobiernos están para dialogar, escuchar y respetar las diferencias. Los gobiernos no siempre aciertan, pero siempre que eso suceda, hay que reconocerlo y producir las enmiendas necesarias.

Los anteriores valores son los que rodean la democracia de comienzos del siglo 21. Los gobiernos deben estar más cerca de la gente. En ello, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación juegan un papel esencial. En efecto, el despegue de la sociedad de la información y del conocimiento, acontecido hace unos tres años atrás, debe contribuir a la transparencia de la actividad gubernamental y fortalecer las libertades individuales y la igualdad de oportunidades.

La democracia moderna exige una apuesta por hacer entre todos un país de ciudadanos formados e informados. En ese orden, hay que impulsar políticas más dirigidas a dar participación e igualdad de oportunidades a los ciudadanos. De ahí es que con la sociedad de la información y del conocimiento, hay menos posibilidad de limitar la información pública y más vías de participación democrática de los ciudadanos en los ámbitos que les afectan.

En ese orden, la transparencia gubernamental es sinónimo de buen gobierno. Aún cuando desde el pasado reciente, se han dado pasos significativos en esta área, luchar por su implementación total es un sueño que merece ser soñado para contribuir con el estado de derecho y la seguridad jurídica.

Propiciando más vías de participación ciudadana, el horizonte de nuestra nación luce esperanzador. Podemos ser un país económicamente competitivo y, al tiempo, socialmente cohesionado. Podemos ser un país políticamente unido y respetuoso y reconocedor de la diversidad, un país de ciudadanos tolerantes. Podemos ser todo eso, pero lo más importante, es comprobar que las mujeres y los hombres de nuestro país quieren caminar hacia ese horizonte, y esperan, sencillamente, que el liderazgo político nacional, les ayude en su empeño. En ello, estamos comprometidos las nuevas generaciones que creemos en la política, como espacio común de gobierno.

El autor es abogado.

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