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Ejes de la política social

Enviado en 14 junio, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Los tratados de libre comercio y la globalización han acentuado la necesidad de desarrollar políticas de competitividad, pero, debido a la interrelación entre competitividad y empleo, ha traído aparejados nuevos riesgos sociales, que ameritan atención especial. Por lo tanto, la política que se adopten en respuesta al nuevo orden económico internacional en el frente social debe concentrarse en tres áreas: educación, empleo y protección social. Los avances en estos tres campos son esenciales para una participación equitativa en la era global, junto con ser cruciales para concretar en el nivel nacional una agenda basada en los derechos.

Los progresos en estos tres campos se refuerzan mutuamente. La educación es la mejor vía para superar la reproducción intergeneracional de la pobreza y la desigualdad, y cobra aún más importancia en vista de que la globalización ha acrecentado la necesidad de contar con recursos humanos capaces de participar en las nuevas modalidades de producción, competencia y de convivencia. El trabajo es un elemento clave de la integración social, como factor de realización social y como fuente de ingresos, por lo que define la posibilidad de consumo básico y, por consiguiente, de ejercicios de los derechos humanos. Entre los riesgos que enfrenta la población se cuentan los relacionados con la inestabilidad macroeconómica, la adaptación a las nuevas tecnologías y formas de organización del trabajo, y el deterioro del empleo que produce en muchos sectores la competencia internacional.

En educación, los esfuerzos del gobierno deben estar dirigidos a reducir las diferencias en cuanto a continuidad y logros de los estudiantes de distintos niveles de ingreso y de origen rural y urbano, a lo largo de todo el proceso educativo, es decir en la enseñanza preescolar, básica, técnica y universitaria. Por ello, para fortalecer la equidad es imprescindible que el sistema educativo ofrezca cobertura universal, de preferencia hasta la educación media, y que se reduzcan las diferencias de calidad de la educación en función del origen socioeconómico de los estudiantes.

La inclusión social comporta nuevas formas de aprendizaje, que actualmente pasan, en gran medida, por el acceso al conocimiento, la participación en redes y el uso de las tecnologías de información y comunicación. Pero no basta con modernizar los soportes educativos. Aún más necesario es desarrollar, en congruencia con estos nuevos soportes, las funciones cognitivas superiores, orientando el aprendizaje a la identificación y solución de problemas, la capacidad de reflexión, creatividad, la distinción entre lo relevante y lo irrelevante, y la capacidad de planificar e investigar, funciones indispensables en un mundo saturado de información.

Para que nuestra sociedad sea más integradora e incluyente, con menos desigualdades, hay que adoptar políticas que propendan a una mejor distribución del gasto social y el combate a la pobreza, de manera transparente, y que tengan en su eje el fomento de más empleos, educación y protección social.

El autor es abogado.

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