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Partidos y democracia

Enviado en 26 julio, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

En algunos círculos académicos e intelectuales se comenta con insistencia sobre la crisis de los partidos políticos en América Latina, y cómo ésta contribuye con el debilitamiento de la democracia.

Contrario a lo que sucede en otros países latinoamericanos, como Venezuela, Ecuador y Bolivia, en nuestro país no es prudente hablar de crisis en los partidos políticos. En efecto, los hechos han demostrado que los procesos de renovación democrática, aún con sus imperfecciones, han contribuido a fortalecer el sistema de partidos políticos. Queda pendiente, por un lado, la ardua labor de modernizar a estas organizaciones políticas y, por otro lado, de sintonizarlas con la sociedad.

El hecho de que mi partido, el PRD, sea uno de los más antiguos en República Dominicana con más de 66 años de existencia es un elemento enriquecedor de esta reflexión, pues quienes hemos estudiado nuestra historia como partido somos muy conscientes de los cambios en la naturaleza y la función de esta organización política a través de las vicisitudes históricas por las que ha pasado. La actual dirección política es el mejor ejemplo de la necesidad de impulsar los cambios que adecuen a nuestra organización a la realidad del Siglo 21. Estos cambios han sido marcados por la realidad de que los dominicanos quieren más democracia.

Por lo tanto, no hay democracia sin partidos ni partidos sin democracia. Desde ciertos ámbitos está bien visto alimentar un discurso que trata de enfrentar ambas realidades, presentando a los partidos políticos como un corsé que frena y limita el desenvolvimiento pretendidamente natural y espontáneo de una idílica democracia sin partidos. La versión moderada de este punto de vista sería la que presenta a los partidos como un mal necesario, como la parte fea de la democracia, que no tenemos más remedio que soportar mientras buscamos otra cosa.

Pero lo cierto es que la democracia es cualquier cosa menos natural y espontánea, cualquier cosa menos una emanación que surge por sí sola de la condición humana. Todo lo contrario: la democracia es un producto largamente elaborado, algo que ha costado mucho tiempo y esfuerzo construir, una compleja y delicada obra de la cultura y la civilización. La democracia no está en la naturaleza de los hombres, es algo que los hombres hemos creado y nos hemos impuesto a nosotros mismos a partir de nuestra experiencia histórica.

Y precisamente por ello, porque la democracia tiene mucho de artificial ‚ y eso la hace aún más admirable-, es peligroso poner en cuestión algunas de las piezas sobre las que se sostiene. Y una de esas piezas son los partidos políticos. La democracia, pues, no puede sobrevivir sin partidos políticos. Y los partidos políticos, en este momento histórico, están ligados de forma indisoluble al funcionamiento de la democracia. En otra entrega, seguiremos tratando este apasionante tema.

El autor es Secretario General del PRD.

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