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No proliferación

Enviado en 10 octubre, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

En víspera de la guerra de Irak, vimos el rostro y la figura del egipcio Mohamed el Baradei, Director de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (OIEA) en sus visitas a ese país debido a las inspecciones de su organismo, con antelación al inicio del conflicto en marzo del 2003. El egipcio intentó hasta el último momento evitar la guerra alegando que sus inspectores no pudieron comprobar que el régimen iraquí hubiera reactivado su programa nuclear.

Por eso, fue motivo de satisfacción el otorgamiento del premio Nóbel de la Paz 2005 a el Baradei y a la OIEA‚ por sus esfuerzos para impedir que la energía nuclear se utilice para fines militares y garantizar que la energía nuclear con fines pacíficos sea una de las formas más segura posible‚. Por coincidencia, el galardón fue anunciado el día en que se conmemoró el 60 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Uno de los grandes problemas del escenario internacional es la proliferación nuclear, actual y potencial, de estados y de otros posibles actores. En la declaración de los 160 Jefes de Estado y de Gobierno, en el marco del 60 aniversario de la ONU, fue una de las más lamentables omisiones.

Desde tal perspectiva, el reciente acuerdo alcanzado en Beijing para poner fin al programa atómico de Corea del Norte es de gran importancia. La desnuclearización de la dividida península coreana era un objetivo largamente perseguido. El programa nuclear norcoreano amenazaba a dos importantes vecinos desnuclearizados, Corea del Sur y Japón. En 1992, entre las dos Coreas, y en 1994, entre Norcorea y Estados Unidos, se alcanzaron acuerdos en tal sentido. El régimen norcoreano recibió a cambio ayuda económica y cooperación nuclear pacífica. Todo eso fue dejado sin efecto por Corea del Norte a fines de 2002, cuando admitió estar realizando un programa de desarrollo nuclear con potencialidad militar y denunció el Tratado de No Proliferación (TNP).

Las conversaciones para superar la explícita amenaza norcoreana ‚ su gobierno la utilizaba para obtener dividendos políticos y económicos‚ se extendieron, durante casi tres años, sin resultados. En días pasados, se llegó a un acuerdo que fue firmado en la capital china: Corea del Norte acepta desmontar su programa nuclear, volver al TNP y aceptar los inspectores de la ONU. A cambio, Estados Unidos se compromete a no amenazarla ni atacarla; Norcorea recibe ayuda económica, y el reconocimiento a su derecho al uso nuclear pacífico. Es un importante logro, aunque sujeto a negociaciones futuras y a verificación, cuya mayor dificultad reside en las prestaciones mutuas.

Queda pendiente el conflicto con Irán, cuyo nuevo gobierno ha roto los acuerdos de cooperación con la OIEA. No obstante, el precedente del acuerdo con Norcorea podría favorecer vías de solución para la cuestión iraní. De confirmarse este importante éxito diplomático, constituiría un avance de envergadura en una de las regiones más sensibles. Mientras tanto, digamos ¡no a la proliferación!.

El autor es Secretario General del PRD.

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