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¿Qué nos hace más felices?

Enviado en 22 noviembre, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

¿Es Republica Dominicana un país feliz?. La pregunta, planteada en mi columna anterior, provocó que algunos lectores me escribieran a mi correo, lo cual me ha animado a continuar sobre el tema de la felicidad.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América consagró que entre los derechos inalienables del hombre están: La vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Aspiración que se refiere no a individuos‚ aunque también a ellos, sino a un país. Es lo correcto, pues la felicidad no se alcanza sino en relación con los demás. Hay ciertos entornos sociales que permiten al individuo alcanzar más felicidad que otros. Crear tales entornos es, a fin de cuentas, lo que da sentido a la política.

Ahora bien, ¿qué nos hace mas felices? La riqueza, obviamente. Los habitantes de los países ricos son mas felices que aquellos que viven en países pobres. Pero, en los últimos 50 años, las tasas de felicidad en Inglaterra, Estados Unidos y Japón están estancadas, pese a un crecimiento económico sin precedentes. El incremento de la riqueza, por tanto, no va a la par, con el de la felicidad. Una vez alcanzado un nivel básico de bienestar, la felicidad ya no tiene que ver con el mayor ingreso de las personas, sino con la calidad de las relaciones que mantenemos con otros. Pero ocurre que la búsqueda de ingresos se vuelve adictiva, empujada por el deseo de alcanzar un status superior. Esto tiene como resultado menos tiempo con la familia, los amigos y la comunidad, con el estancamiento consiguiente de la tasa de felicidad.

Es lo que podríamos llamar el síndrome irlandés. Irlanda es, por mucho, el país de mayor crecimiento económico en Europa. En menos de una generación paso de ser un nación pobre, de la cual su población huía a raudales, a ser un país rico, que atrae población. Pero se disparan el suicidio, el divorcio, la droga, el alcoholismo, al tiempo que se debilita su sentido de identidad y de comunidad. Irlanda necesitaba superar el subdesarrollo, y lo consiguió, pero con altos costos en términos de su tasa de felicidad.

Medir la felicidad de un país es, por tanto, difícil. Hay una extensa literatura al respecto. La pobreza es fuente de infelicidad. Mas aun lo es la desigualdad, pues nada produce más desdicha que compararse con el éxito de otros. A esto se suman factores que no se derivan del rendimiento económico: el cultivo de la vida familiar, la amistad y el compromiso comunitario, la creencia en causas comunes, la disposición de tiempo libre y vivir en un ambiente sano y estable.

En el país somos menos felices, pues el crecimiento económico no ha conllevado mayores niveles de bienestar para todos los dominicanos. Si redujésemos la desigualdad, su efecto seria mayor. Pero ya estamos advertidos: la tasa de retorno del crecimiento económico, en términos de felicidad, es decreciente, si no nos preocupamos de reforzar nuestra vida comunitaria.

El autor es Secretario General del PRD.

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