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El modelo democrático español

Enviado en 29 noviembre, 2005 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Era muy difícil, casi imposible, que aquel 22 de noviembre de 1975, cuando Juan Carlos de Borbón fue proclamado rey en una sesión plenaria de las Cortes de España, algunos de los presentes, en su mayoría depositarios del legado de 36 años del totalitarismo franquista, que aun lloraban la muerte de su líder apenas dos días antes, visualizara que estaba ante el primer acto formal de la que seguramente haya sido una de las transiciones a la democracia mas exitosa del mundo.

A través de tres décadas de acontecimientos, que hoy son profusamente conmemorados en el país europeo, la evolución política española, por su complejidad y resultados, sigue estando en el centro de las referencias, a modo de ejemplo emblemático, en naciones que también han sufrido las consecuencias del quiebre social y sus resultados en la forma de regimenes autoritarios. En el caso de nuestro país, en donde después de la dictadura trujillista, se inicio la etapa de la democracia moderna, el modelo español nos debe servir de ejemplo para cohesionar el tejido social y formalizar el proyecto de nación que comprometa a todos los sectores políticos.

España representa lecciones sumamente interesantes, aunque reconozco que cada experiencia es única y no existen modelos exportables. Pero aun en ese entendido, ciertos aspectos de la calidad de las relaciones sociales en España, en general, y de las dinámicas entre sus actores políticos, en particular, todos en gran parte resultados de cómo llevaron adelante la transición, serian interesantes aportes a la convivencia nacional. Sin ir más lejos, la utilización del pasado reciente, el mismo que dividió, y los posicionamientos que motivó en unos y otros, como arma para descalificar y/o deslegitimar las acciones del rival. Ni en el apasionado ambiente en que se desenvuelve la actividad política española son usuales ese tipo de referencias, aunque es indudable que allí ha habido recambios generacionales que, en el país, no se han producido del todo.

En España, la transición empezó y se desarrolló una vez fallecida la cabeza del régimen anterior. Ese hecho, sin embargo, no significó que, el proceso español estuviera exento de dificultades, en especial al comienzo. Fue Suárez el que logró sacar en adelante, en 1976, un proyecto de reforma aprobado en las Cortes y, después, en un referéndum por la ciudadanía. Sentó así las bases de su capital político, el mismo que le daría en 1977 la victoria en las primeras elecciones democráticas y piso para la discusión de los Pactos de la Moncloa y la redacción de la Constitución de 1978.

En 1982, empezó el período socialista, con Felipe González, proceso marcado por un intenso proceso de liberalización de las costumbres y un posicionamiento de España. En 1996, la derecha, también renovada, con José María Aznar, llegó al poder y profundizó la modernización de las instituciones. Y nuevamente en el 2004, volvieron los socialistas, renovados, con Rodríguez Zapatero, con una agenda que coloca al ciudadano en el centro de su atención. El modelo español ha probado ser exitoso, en gran medida, por la voluntad de la clase política de ponerse por encima de sus diferencias.

El autor es Secretario General del PRD.

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