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Desigualdad de oportunidades

Enviado en 17 enero, 2006 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Es mucho de lo que se ha hablado de la elevada desigualdad de oportunidades que existe en el país. El discurso tradicional para combatir las desigualdades es el de postular a la educación como clave para superarlas, a condición de que el Estado mejore su gestión de las políticas sociales. Es un enfoque simplista que omite la forma en que se genera el ingreso y en que se distribuyen las oportunidades.

Las políticas públicas pueden reducir la desigualdad excesiva en las oportunidades, pero no eliminarla, ya que ello requiere de modificaciones políticas e institucionales. En la distribución primaria del ingreso, la que se genera en la empresa, el 20% más rico recibe 14 veces el ingreso percibido por el 20% mas pobre. Esa es la clave de la desigualdad. Las políticas sociales reducen esta diferencia a siete veces, con alta eficacia en recaudar y asignar esos recursos a gasto social bien focalizado. Pero la posibilidad de avances por la misma vía es reducida. Por eso, en múltiples ocasiones, me he referido a que el modelo de desarrollo económico debe cambiar.

La distribución del ingreso depende del acceso a los activos productivos y de la rentabilidad de tales activos y solo secundariamente de las correcciones que realizan las políticas publicas. Que los más pobres tengan mas oportunidades significa mejorar tanto su acceso a esos activos como las condiciones de contexto que influyen sobre la rentabilidad de sus activos. Los activos claves son el capital humano (educación, capacitación y salud), el capital físico y financiero (tierra, infraestructura, capital de trabajo, acceso al crédito, a las tecnologías, etc.) y el capital político (organización y capacidad de hacer sentir su voz en el sistema político).

De igual manera, la distribución del ingreso y de las oportunidades mejoraría con mercados competitivos, transparentes, sin barreras a la entrada y con instituciones que protejan los derechos de los consumidores frente a las empresas. También los derechos de los ciudadanos frente al Estado con legislaciones que nivelen el campo de juego, protegiendo los derechos de los más débiles, se reducirían las desigualdades.

También son parte del desafío la responsabilidad social y ambiental de las empresas, así como la transparencia y ética en los negocios, evitando los conflictos de intereses. Asimismo deben respetarse las normas laborales.

La competitividad moderna radica en una empresa concebida como espacio de cooperación entre capital y trabajo, con trabajadores y sindicatos identificados con la misión de la empresa, con la innovación y el cambio tecnológico. El pacto político y social que siente las bases del proyecto de nación debe combinar la competitividad y la cohesión social.

En esta tarea, el liderazgo político debe combinar el espíritu emprendedor con la vocación solidaria y el dialogo social vía redes institucionales de debate y cooperación. En definitiva, el modelo económico, al cual aspiramos, debe aunar desarrollo, bienestar social y democracia.

El autor es Secretario General del PRD.

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