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El día después

Enviado en 14 febrero, 2006 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Las elecciones haitianas fueron seguidas muy de cerca por los dominicanos, que nos dimos cuenta que el pasado martes hubo algo más que una elección en Haití. Admirados, vimos irrumpir a la gente imponiéndose a todas sus desgracias, a la violencia y la miseria para acudir a ejercer su derecho al voto.

Todos los actores anónimos de la calle haitiana ocuparon la escena, transformados súbitamente en un irrefrenable actor social. Caminaron desde las cinco de la mañana hacia los centros de votación y luego, durante muchas horas, se alinearon ante las mesas para decir que ellos eran quienes decidirían sobre su futuro.

Sepultada quedó la comedia haitiana de la conspiración, los tiros, los juegos de máscaras y de embajadas. El proceso electoral dejó atónitos a los agoreros y complicó predicciones y preparativos, alargando la elección durante la noche. Contaron sus votos a la luz de las velas, como si de ello dependieran sus vidas. La lección para haitianos y extranjeros fue la misma: Haití es posible.

Hubo quienes apostamos, desde muy temprano, a que el pueblo haitiano no sólo tendría las condiciones, sino que sería capaz de iniciar la solución de sus inmensos problemas por medio de la democracia. La inmensa paciencia de masas ciudadanas, confiadas en el poder de su voto, ha sido un impresionante ejemplo de fe en una voluntad colectiva construida, uno a uno, en la cotidianidad de una elección; de la manera como una sociedad puede buscar, por medios pacíficos, instalar un principio de esperanza en el futuro. Es también una demanda para los que reiteradamente han creído en Haití existen soluciones estrechas y excluyentes.

Ahora corresponde que la clase política y las organizaciones de la sociedad civil se pongan a la altura de su gente. Los resultados deben ser aceptados por todos y el proceso plenamente respetado. La sociedad haitiana debe avanzar hacia un diálogo nacional que le permita enfrentar el problema dramático de la miseria, del analfabetismo y la inseguridad. Para eso, quienes ganaron deben comprender que no son propietarios del poder, sino que deben compartirlo. Su tarea es demasiado difícil para pretender hacerla en soledad o con precarias mayorías. Si hay segunda vuelta, hacer otro proceso ejemplar, respetando sus resultados.

Por su parte, quienes esta vez perdieron, deben respetar las nuevas autoridades y no creer que su única tarea es la de bloquear toda nueva iniciativa para preparar futuros derrocamientos. Ni los haitianos ni la comunidad internacional están dispuestos a tolerar un retorno al pasado de amenazas, crímenes y corrupción que caracterizó su política durante las últimas décadas.

Quienes le hemos dado seguimiento al pueblo haitiano en esta jornada memorable sabemos que la tarea no ha terminado. Para los dominicanos es una prioridad que Haiti recupere su democracia y su desarrollo. Debemos, por tanto, vigilar que el mundo no abandone, una vez más, a quienes el 7 de febrero demostraron que la paz y el desarrollo son posibles en Haití.

El autor es Secretario General del PRD.

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