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El valor de educar

Enviado en 27 junio, 2006 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Declaraciones recientes de la Directora de Agencia Interamericana para el Desarrollo (AID) sobre las debilidades de la educación pública merecieron una respuesta fuera de lo común por parte de la Secretaria de Educación. Una vez más, el estilo del gobierno (El Caribe‚ 20-6-06) demostró que las autoridades prefieren irse por la tangente, y no dar respuesta sobre los problemas puntuales que afectan a la nación, como es éste, el de la calidad de la educación pública.

Para caracterizar al sistema educativo básico es necesario responder a tres preguntas: ¿quién, y de qué manera, financia la educación? ¿quién la provee? ¿para qué educamos?

Las respuestas nos pueden ayudar al debate.

La fuente de financiamiento no causa controversias. La educación pública se financia con impuestos que pagamos todos los dominicanos, y con financiamientos y donaciones internacionales. El problema es hacia dónde se dirige la inversión en educación. La diferencia con la educación privada radica en que la misma es financiada íntegramente por los padres o tutores que así deciden aceptan estas reglas.

Hay otros países en donde el financiamiento público se efectúa mediante un sistema de subsidios a la demanda, como sugirió por el año 1962, el economista Milton Friedman. El Estado entrega dinero a las escuelas por cada niño que asiste a clases. Si cada escuela quiere maximizar sus ingresos‚ “supuso Friedman”, se esforzará por ser mejor para que así los padres matriculen a sus hijos en ellas. La competencia castigaría a las malas escuelas y haría que las buenas pudieran florecer.

Los países con un sistema de financiamiento como ese se cuenta con los dedos de las manos: Algunas ciudades de Estados Unidos como Milwaukee, Cleveland y Nueva York, y países como Suecia, Canadá, Chile, Reino Unido, Noruega, Bangladesh y Colombia.

En Estados Unidos, hay programas parciales dirigidos a familias pobres y el subsidio oscila entre 1.500 y 5.000 dólares anuales. En el Reino Unido el sistema alcanza sólo al 7% de la población estudiantil. En Canadá han usado vouchers (de un valor cercano al 60% del costo de educar) Alberta, Quebec y British Columbia. En Suecia (donde en los ochenta el 99% de los alumnos iba a escuelas públicas) hay un sistema de vouchers (que alcanza al 90% del costo público por alumno) para quienes quieran enviar a sus hijos a escuelas independientes. En Bangladesh tienen por objeto estimular la matrícula femenina. En Colombia el programa se hizo para incrementar la matrícula secundaria sin crear nuevas escuelas.

A diferencias de estos países, el problema de la educación dominicana radica en que no se ha producido en los últimos años una concertación política, social y económica que trace el plan educativo de los próximos treinta años. Hay que tener voluntad política, firme y decidida, y con apertura para asumir, como constructivas, las críticas que se formulan al sistema educativo nacional. La educación nos compete a todos, gobierno y oposición.

El autor es Secretario General del PRD.

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