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Reflexiones sobre democracia y libre comercio

Enviado en 07 julio, 2006 Para 9:11 am Escrito por en Ponencias

Discurso de Orlando Jorge Mera, Secretario General del Partido Revolucionario Dominicano, en la Escuela de Altos Estudios de las Fuerzas Armadas de la República Dominicana.

Señoras y señores:

Quiero agradecer la gentil invitación que me formulara el General Francisco Rodríguez Pascual, Director de la Escuela     de Graduados de Altos Estudios de las Fuerzas Armadas, para compartir con la Cuarta Promoción de la Maestría en  Defensa y Seguridad Nacional, mis conceptos sobre libre comercio, economía y democracia.

Es imposible deslindar mi condición de profesional de mis actuales funciones como Secretario General del Partido Revolucionario Dominicano, principal partido de oposición en la República Dominicana, por lo que, debo, en primer lugar, reconocer que, con actividades como esta, las Fuerzas Armadas del país reflejan madurez y respeto por la pluralidad y el debate de las ideas. Reciban pues mi reconocimiento.

Paso, entonces, al tema objeto de la invitación. Trataré en lo imposible de presentar una visión general sobre el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, teniendo presente la realidad imperante en nuestro país. Hablaré, por lo tanto, de las oportunidades y de los retos que tiene nuestra nación.

No es posible hablar, por tanto, de la importancia de un tratado de libre comercio, sin tener presente el contexto internacional. La caída del muro de Berlín trajo consigo una nueva realidad mundial, y es que la política exterior de las naciones mas desarrolladas, de la denominada guerra fría, pasó a ser la política exterior de la apertura comercial, de bienes y servicios, y la llamada globalización.

En su obra “the world is flat” (El mundo es plano, 2005), el autor Thomas Friedman explica claramente los distintos procesos históricos que han marcado la actual era de la globalización, y cómo hoy día, una empresa norteamericana de seguros tiene su base de datos en la India, y a través de las tecnologías de la información y la comunicación, son manejados todos sus clientes a miles de kilómetros de distancia.

Y no hay que irse tan lejos. Ya desde hace varios años, existen en la República Dominicana, Centros de Llamadas (“Call Centers”), que son subsidiarias de empresas radicadas en Estados Unidos para atender las necesidades diversas de sus clientes.

Ahora bien, si la globalización no estuviera basada en una serie de reglas generales a las cuales estén sometidas las naciones que estén dispuestas a entrar en la misma, entonces estaríamos en presencia del caos y del desorden. Por eso, Naciones Unidas se encargado justamente de ser el escenario para la discusión de las reglas políticas, comerciales y sociales.

De ahí surgió la Cumbre del Milenio que trazó los Objetivos del Desarrollo del Milenio, en virtud de los cuales, los países miembros de Naciones Unidades se obligaron a cumplir con metas y objetivos para completarlos al 2015. Estos Objetivos persiguen la reducción de la pobreza, reducir las enfermedades y epidemias, lograr metas en la educación, promover la sociedad del conocimiento y reducir las altas tasas de mortalidad. Hoy, existen profundas preocupaciones por el hecho de que no se puedan cumplir con estos objetivos por falta de voluntad política.

No hay consonancia entre las palabras y los hechos. Se requieren acciones contundentes y firmes.

En el plano del comercio internacional, ha sido y es la Organización Mundial del Comercio, a través de la Ronda de Doha para el Desarrollo que ha trazado la agenda multilateral de sus Estados miembros, entre los cuales está la República Dominicana. La última Cumbre Ministerial celebrada en Hong Kong en diciembre del año pasado, terminó con una declaración ministerial y un plan de trabajo con fechas para el 2006.

Temas cruciales como las negociaciones de agricultura en los que los países en desarrollo procuran la eliminación del subsidio agrícola por parte de los países desarrollados se discuten al seno de la OMC. La semana pasada concluyó sin mucho éxito, pues las delegaciones no lograron superar sus diferencias sobre diversos aspectos. La descripción más clara de la situación actual están recogidas en cuatro palabras expresadas por el Director General de la OMC cuando dijo “Ahora estamos en crisis”.

No obstante, se espera que para fin de año se concluya con la mencionada Ronda. Esperemos los resultados.

Ante el panorama que ofrecen las negociaciones multilaterales, incluyendo la situación de limbo en que se encuentra el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), los Estados Unidos iniciaron desde finales de los noventa, negociaciones tendentes a suscribir acuerdos de libre comercio con varios países del continente americano, tales como México, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Panamá, Centroamérica y República Dominicana.

En ese sentido, las negociaciones entre Estados Unidos y República Dominicana para lograr la integración de esta última al DR-CAFTA, concluyeron en el mes de marzo del 2004. El Tratado fue suscrito por todos los países en agosto del 2004, y fue ratificado por ambos Congresos Nacionales en el año 2005. A la fecha, ha entrado en vigencia en Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras. Quedan pendiente Costa Rica y República Dominicana.

La reciente posposición de la entrada en vigencia del DR-CAFTA refleja que desafortunadamente este tema no ha merecido la debida continuidad de Estado como era necesario. Es decir, el Tratado debe ser un compromiso de todos los dominicanos, independientemente de nuestras banderías políticas, pues el mismo representa el más importante instrumento de desarrollo de nuestra economía.

En lo que aguardamos la entrada en vigencia del DR-CAFTA, hablemos entonces del día después, es decir, de lo que pasará a partir de su entrada en vigor.

El análisis de los flujos de comercio revela que la participación de Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, en su conjunto, en el comercio exterior es de aproximadamente el 70% del total, cifra que es muy similar al comercio intraregional de los países de la Unión Europea.

Por otro lado, aún sin el DR-CAFTA, las exportaciones de República Dominicana a Estados Unidos han experimentado notable diversificación en los últimos años. Sin embargo, existen algunas barreras a importaciones, por ejemplo de productos cárnicos, en los que debemos desarrollar ventajas comparativas. Esto significa que el DR-CAFTA contribuirá a dinamizar las exportaciones a Estados Unidos.

Desde el punto de vista del consumidor, el DR-CAFTA indudablemente va a llevar una caída en los precios relativos de los bienes importados, entre los que se encuentran algunos bienes de la canasta básica, favoreciendo en particular a los más pobres.

A su vez, el intercambio comercial entre República Dominicana y Centroamérica deberá incrementarse y potenciarse con la creación de mayores eslabonamientos entre las economías de la región con el fin de aprovechar de mejor manera las oportunidades que se abren en el mercado de Estados Unidos.

Si bien un alto porcentaje del comercio mutuo quedará liberalizado de trabas a partir de la entrada en vigencia del Tratado, algunos productos sensitivos (arroz, granos, maíz, plátanos, etc) fueron excluidos de la liberalización inmediata por ambas partes.

De igual manera, el país logró un mejor tratamiento para las normas de origen que rigen el comercio con Estados Unidos en textiles y vestuarios, lo que le permitirá una mayor integración vertical en el contexto regional en dicha industria.

En el caso de los productos agrícolas de importación a Centroamérica y República Dominicana, los países miembros eliminarán gradualmente los aranceles en plazos de entre 12 y 15 años. Para algunos productos más sensibles, los aranceles se eliminarán en plazos más largos.

También el DR-CAFTA permitirá cambiar las condiciones de acceso al mercado estadounidense que gozan nuestras exportaciones. En la actualidad, la gran mayoría de las exportaciones dominicanas gozan de acceso preferencial gracias a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (en su versión más reciente, el Caribbean Basin Trade Preferences del 2002) y el Sistema Generalizado de Preferencias, que son concesiones de naturaleza unilateral. Con el DR-CAFTA se avanzará en un marco contractual que consolide las condiciones de acceso y que regule los mecanismos de solución de controversias y comercio desleal.

Por otra parte, el DR-CAFTA obligará a los países miembros a realizar esfuerzos por aumentar la productividad, mejorar la competitividad del sector privado y hacer más eficiente la acción del Estado para que se convierta en un Estado más transparente con la aplicación de la Ley de Compras Gubernamentales.

En ese sentido, cabe señalar, ante algunas voces que han señalado que el DR-CAFTA no tomó en cuenta las asimetrías de los países miembros, que el referido Tratado establece todo un mecanismo relacionado con las facilidades para mejorar el entorno competitivo (“Trade capacity building”). Este es un punto que el gobierno debe aunar más esfuerzos. Por ejemplo, uno de los desafíos más importantes que tenemos como país es la necesidad de enfrentar la reconversión de los pequeños productores agrícolas no competitivos.

Permítanme muy brevemente referirme a las negociaciones que estuvieron bajo mi responsabilidad en el DR-CAFTA.

En el área de las telecomunicaciones y del comercio electrónico, la República Dominicana cuenta con una infraestructura más desarrollada que nuestros amigos de Centroamérica, por lo que el sector de las telecomunicaciones está completamente liberalizado. En tal virtud, el Tratado de Libre Comercio implicará mayores oportunidades para continuar desarrollando los servicios de valor agregado, como lo es el internet, siempre cumpliendo con la legislación nacional, y siguiendo el marco legal jurídico y regulatorio establecido por el Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones, que ha permitido que el sector de las telecomunicaciones sea uno de los más dinámicos de la economía nacional.

Otra área que estuvo bajo mi responsabilidad fue el de la propiedad intelectual, que, conjuntamente con la agricultura, es uno de los temas más sensibles. El primero porque abarca a las patentes farmacéuticas que tienen un impacto en la salud de todos los dominicanos. Y el segundo porque comprende la cuestión de la producción nacional agrícola. Recientemente, leí la posición pública de la industria farmacéutica nacional en la que expresan su satisfacción por lo negociado y pactado en el DR-CAFTA, y pedían que no se cambiara ni una coma ni un punto. El tiempo nos ha dado la razón.

El equipo negociador, que estuvo integrado por reconocidos profesionales del área, estuvo consciente de la sensibilidad del tema de las patentes farmacéuticas, y nuestra misión fue la de defender los intereses nacionales a fin de que los dominicanos puedan tener acceso a los medicamentos, a través de los mecanismos establecidos en la Ley sobre Propiedad Industrial y el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), de la Organización Mundial del Comercio.

Otro tema importante para el país guarda relación con los efectos del DR-CAFTA sobre la recaudación tributaria. Recordemos que este fue el motivo fundamental, al menos público, de la primera posposición de enero a julio, precisamente para mantener la Comisión Cambiaria. Justo es señalar que, aún cuando el Tratado no ha entrado en vigencia, el gobierno ha dispuesto el desmonte de este impuesto contrario a las normas pactadas en el Tratado. Con la caída en la presión tributaria, el país deberá, en su momento, abocarse a una nueva reforma fiscal que obviamente no afecte a la clase media y a los más pobres. Debe aprovecharse la oportunidad para modernizar el sistema tributario nacional, a solucionar el problema del déficit cuasi fiscal y otros temas relacionados con la estabilidad macroeconómica.

La implementación de un Tratado, ni su administración, es tarea fácil. Es una función que involucra una serie de acciones inmediatas y permanentes que implican la puesta en vigencia plena de los acuerdos, el monitoreo del cumplimiento de compromisos recíprocos, la gestión permanente para alcanzar un funcionamiento eficaz de su respectiva estructura institucional y maximizar el aprovechamiento de las ventajas y oportunidades que el acuerdo genere.

Esta función exige una coordinación transversal eficaz con todos los actores involucrados, el sector público, el legislativo, el sector empresarial y la sociedad civil. Se requiere involucrar a todos los actores de la sociedad.

La lección de todo este proceso debe ser la de que la clase política debe asumir, como propios, los temas de Estado que comprometen a nuestra Nación. Por eso, estoy convencido de que, con situaciones como las presentadas con el DR-CAFTA, es que se hace necesario la concretización de un Proyecto de Nación para que, independientemente de quien nos gobierne, existan compromisos claros y definidos, a corto, mediano y largo plazo, que nos catapulten por la ruta del desarrollo y de la estabilidad de nuestra democracia.

El DR-CAFTA definitivamente que no es la panacea de nuestros problemas nacionales. Sin embargo, cuando nos imaginemos al país en los próximos 10 o 20 años, deberemos sentirnos con la satisfacción del deber cumplido. El DR-CAFTA es un tema nacional, que nos convoca a todos los dominicanos, al margen de nuestras diferencias. Asumamos, por lo tanto, todos la puesta en vigencia de este importante instrumento de desarrollo.

Muchas gracias.

Viernes 7 de julio 2006.

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