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Mal Estado, no Estado, buen Estado

Enviado en 28 noviembre, 2006 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

En medio del debate generado por la tercera reforma tributaria impuesta por el gobierno del PLD, que ha merecido el rechazo de amplios sectores de la vida nacional, por cuanto se ha establecido que, en vez de establecer nuevos impuestos, lo que el gobierno debe hacer es implementar una amplia política de austeridad, se ha puesto de moda, otra vez, el rol del Estado, o mejor dicho, del buen Estado.

Que la administración pública funcione bien es la condición necesaria para garantizar los derechos, las libertades y la lucha contra el hambre. De hecho, cada vez más, en todos los programas de cooperación internacional, se incorporan aspectos de buena administración como elemento fundamental. Ya ha llegado a su fin el llamado Consenso de Washington, que indudablemente provocó la supervivencia del más fuerte y de un Estado mínimo, que tanta miseria y corrupción ha esparcido por el mundo en las últimas décadas.

Cuando el Estado no es capaz de proporcionar los servicios públicos básicos, garantizar el nivel mínimo de inversión en educación y salud, luchar contra la erradicación de la pobreza a través de planes sociales transparentes, y establecer prioridades nacionales sobre la base de una ejecución presupuestaria sana y transparente, entonces se está en presencia de un mal Estado. Por eso, la alternativa a un mal Estado no es un no Estado, sino un buen Estado.

En épocas de incertidumbre como la que estamos viviendo actualmente, existe una sola receta: más información, más transparencia, más participación, y en definitiva, más democracia. Ante la incertidumbre se necesita un Estado fuerte y eficaz. Esta fortaleza reside en la calidad democrática, en el ejercicio responsable de sus competencias y en la existencia de unos servicios públicos eficientes.

De la necesidad de la democracia lo sabemos todos los dominicanos. El sacrificio que ha tenido que hacer el pueblo dominicano para mantener la democracia estable que tenemos es un reconocimiento de la capacidad que tiene nuestra nación. Ahora, siempre será una tarea inacabada reforzar la democracia. Para alcanzar este objetivo es preciso que todos los ciudadanos nos impliquemos, porque la participación hacer fuerte a la democracia y la democracia, como expresé, hace fuerte al Estado.

El binominio ciudadanía-poder político determina la calidad de una democracia. Una ciudadanía exigente hace que la democracia progrese. Y esto es justamente lo que estamos viendo actualmente con la propuesta de la tercera reforma tributaria: La mayoría de los dominicanos entienden que no son necesarios los nuevos impuestos. Que el gobierno debe implementar la austeridad.

En la tarea de la construcción democrática el valor de la política y de la acción pública y de quienes nos dedicamos a ellos determinante. Porque las sociedades y la democracia no pueden avanzar sin políticos convencidos y convicentes, con ideales, con proyectos y, sobre todo, con firmes principios. En definitiva, sí, tenemos mucho que mejorar. Pero, de vez en cuando, conviene recordar las cuestiones básicas de un buen Estado.

El autor es Secretario General del PRD.

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