Un envio del blog

La Institución

Enviado en 30 enero, 2007 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Desde mis estudios universitarios, siempre le he dado seguimiento al derecho constitucional de Estados Unidos de América, y de manera muy particular, el respeto que se tiene hacia la Institución que representa la Presidencia de Estados Unidos.

Por eso, a pesar de las múltiples ocupaciones, dediqué tiempo para presenciar en directo el discurso anual sobre el Estado de la Unión que cada Presidente dirige al pleno del Congreso todos los finales de enero, en cumplimiento de los dispuesto en la Sección 3 del artículo II de la Constitución americana. Por séptima vez desde su toma de posesión en 2001, George W. Bush cumplió con esa exigencia constitucional el pasado martes 23 de enero.

El presidente Bush puede estar pasando por uno de sus peores momentos en sus niveles de popularidad, pero el prestigio de la Institución sigue intacto. Ni siquiera los desaciertos en sus diferentes políticas han conseguido afectar a la integridad y al prestigio de la Presidencia.

Hay que reconocer que el ambiente político en Estados Unidos no le era favorable al Presidente No.43 para este 23 de enero. La crispación política en Washington a causa de la guerra de Irak era palpable. Pero, el respeto del pueblo americano por sus instituciones bi-seculares prevaleció una vez más sobre el sectarismo partidista.

A pesar de que las dos Cámaras del 110 Congreso estaban, por primera vez en los últimos 12 años, en manos de la oposición demócrata, la ceremonia tuvo el mismo empaque y dignidad que han caracterizado este tipo de mensajes en los 220 años de historia parlamentaria estadounidense.

Interrupciones sí hubo. Más de 20. Pero, todas para aplaudir, con mayor o menor intensidad, las palabras presidenciales. La mayoría de los asistentes no compartía la filosofía del político Bush, pero todos respetaban, sin el menor gesto de desaprobación, el derecho de su presidente, del jefe del Ejecutivo, a exponer su política. Tiempo habrá después para desmenuzar e incluso triturar el discurso presidencial. Pero, hay que dejar intacta la dignidad de la Presidencia cuando su titular lleva a cabo uno de los deberes que estipula la Constitución, incluso cuando la política de ese titular sea rechazada, como en el caso de Irak, por dos de cada tres ciudadanos americanos. Eso es lo que demuestra la grandeza democrática de un país.

Por su parte, Bush supo estar a la altura de las circunstancias, en lo que a mi juicio ha sido su mejor discurso sobre el Estado de la Unión. Sabía que se enfrentaba a un Congreso en manos de la oposición con la primera mujer speaker (presidenta) de la Cámara de Representantes en la historia de Estados Unidos, Nancy Pelosi, una formidable adversaria política. Se la ganó con el reconocimiento del momento histórico que suponía el hecho de tener por primera vez una madam speaker de la Cámara y un panegírico del padre de Pelosi, antiguo alcalde de Baltimore. Fue una excelente pieza de oratoria.

Para los políticos de estas latitudes, lo que vimos el 23 de enero fue una brillante lección de madurez y responsabilidad política.

El autor es Secretario General del PRD.

respuesta