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La lección Wolfowitz

Enviado en 17 mayo, 2007 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

La reciente controversia originada por el aumento (públicamente revocado) de salarios y de remuneraciones en la Cámara de Cuentas es una demostración más de que hay que fortalecer los mecanismos institucionales que confieran mayor transparencia y control a medidas de esta naturaleza.

Que la capacidad discrecional que otorgan algunas leyes orgánicas de instituciones, centralizadas, descentralizadas o autónomas, no sea extendida a la facultad de aumentar sus propias remuneraciones.

Esta preocupación se extiende a los funcionarios públicos. Con mucha facilidad, desde el Presidente de la República hasta los Secretarios de Estados y Directores Generales se aumentan sus salarios y remuneraciones (disfrazadas en ocasiones bajo el subterfugio de las‚ dietas y viáticos), sin que exista ningún control.

Por suerte, el constituyente consagró en el artículo 102 de la Constitución que ‚será sancionado con las penas que la ley determine, todo aquel que, para su provecho personal, substraiga fondos públicos o prevaleciéndose de sus posiciones dentro de los organismos del Estado, sus dependencias o instituciones autónomas, obtenga provechos económicos. Serán igualmente sancionadas las personas que hayan proporcionado ventajas a sus asociados, familiares, allegados, amigos o relacionados.

Aprovechando que en el Congreso Nacional se está discutiendo la Ley de la Función Pública, la cual debe merecer el respaldo de todos los dominicanos de buena voluntad, hay que incluir en esa propuesta de legislación, regular la remuneración de los salarios de los funcionarios públicos, mediante la categorización correspondiente. Así, al margen de quien nos esté gobernando, existirá una regla clara y general.

No es posible que existan Secretarios de Estado, o funcionarios de alta jerarquía de los organismos descentralizados, que sus salarios sean más elevados, por ejemplo, que el salario anual del Presidente de los Estados Unidos de América. Es una contradicción ante la difícil situación económica que padecen la mayoría de los dominicanos.

Quienes hoy nos gobiernan deben verse en el espejo de la lección que está dejando el caso del señor Paul Wolfowitz, Presidente del Banco Mundial, acusado de violar el código de ética de ese organismo internacional por favorecer a relacionados.

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