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Gratitud

Enviado en 23 junio, 2007 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Agradezco, a través de esta columna semanal, todas las expresiones de solidaridad que mi familia ha recibido con motivo de la ida a destiempo de mi madre, Asela Mera de Jorge.
Desde el mismo día en que ella se fue a mejor vida, hemos estado recibiendo el calor humano tanto en la República Dominicana como desde el extranjero. Nuestra gratitud imperecedera por tan nobles gestos de aprecio, cariño y respeto que todos/as han tenido hacia ella.

Mi madre tenía una extraordinaria voluntad. Siempre radiaba optimismo y esperanza, a pesar de las adversidades. En medio de todo esto, superar las dificultades de una enfermedad como la diabetes que, desde los quince años de edad, comenzó a destrozar las interioridades de su cuerpo no era tarea fácil. Los médicos se quedaban asombrados siempre de sus niveles de superación. Pero, es obvio, que, al final de sus días, detrás de esa cara afable y bondadosa, los efectos secundarios estaban venciendo a este extraordinario ser humano.

En el plano familiar, fue, es y será el centro de mi familia. Esposa ejemplar. Siempre estando de lado de mi padre, Salvador Jorge Blanco, a tal extremo de que, en ocasiones muy a pesar de nuestros reclamos, sacrificaba su propio régimen alimentario, por ser solidaria con los horarios de trabajo de mi padre. Llenar tu vacío será un desafío.

Madre abnegada. Solo puedo decir lo que expresa Erich Fromm, en su libro “El arte de amar”, refiriéndose al amor materno, comentando la metáfora bíblica de la tierra que mana “leche y miel”: “La leche es el símbolo del primer aspecto del amor, el de cuidado y afirmación. La miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo”.

La buena madre, dice Fernando Savater en su‚ Autobiografía‚, como la mejor tierra prometida, es la que no solo da leche a sus hijos, sino también miel. La que les contagia su amor a la vida y no solo los protege o asegura su subsistencia.

Concluye Fromm: “Es posible distinguir, entre los niños los que solo recibieron “leche” y los que recibieron “leche y miel”. Puedo afirmar que recibí leche y miel de una mujer admirable.

En nombre de mi esposa Patricia, mi padre Salvador Jorge Blanco y mi hermana, Dilia Leticia, nuestra gratitud imperecedera. La tristeza que nos embarga se convierte en alegría al saber que ella está en mejor vida. El legado que recibimos de ella nos hace sentir orgullosos. Gracias.

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