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Otra lectura al crecimiento

Enviado en 15 septiembre, 2007 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

Hace unos meses atrás, fueron muy destacadas las declaraciones del Secretario de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo, en el sentido de que la economía dominicana estaba “sobrecalentada”, dados los niveles de crecimiento que, según las cifras del Banco Central, se están registrando en el país. Según estos datos, en el primer semestre del año, el crecimiento ha sido del 7.9% del PIB.

El “sobrecalentamiento” de la economía fue sólo en palabras, pues inmediatamente chocó con la realidad.

Este crecimiento ha estado sustentando fundamentalmente por áreas que no corresponden a los segmentos más dinámicos de la economía nacional, como son el sector productivo, el industrial y el agropecuario, cuyos principales voceros han afirmado que no existen en la actualidad incentivos que les permitan ser competitivos ante los acuerdos de libre comercio que ha suscrito el país.

Independientemente de que estemos o no de acuerdo con la metodología del Banco Central, el análisis del Informe Preliminar de la Economía Dominicana es muy revelador del impacto negativo de la política económica en los sectores productivos.

En ese sentido, la agropecuaria creció 2.6%; minería, 1.4%; manufactura local, 0.3%; zonas francas, -11.3%; construcción, -0.3%; salud pública, 3.0%; y enseñanza, 4.0%.

En otras palabras, el crecimiento de la economía ha descansando en otros factores que no responden a la dinámica de los sectores productivos nacionales, tales como las comunicaciones, los servicios de intermediación financiera y el comercio, a través de las importaciones masivas de distintos productos, la entrada de capitales extranjeros en el Banco Central, y los préstamos de consumo.

Importantes sectores de la vida nacional, como la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios, ANJE, han expresado su preocupación por el incremento de la brecha externa del país, que se refleja en un creciente déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que asciende a 802 millones de dólares. La política económica del gobierno ha incentivado más el aumento de las importaciones, y una disminución de las exportaciones.

Y en cuanto a las exportaciones, las exportaciones de productos tradicionales se redujeron en -2.6%, siendo el ferroníquel el único producto mineral que, beneficiándose de los precios internacionales, ha podido sacar la cara en este renglón tan importante.

Así no puede progresar el país. Hay que dinamizar el sector productivo. El gobierno carece de una política industrial que vuelva a dinamizar este importante sector, clave fundamental del desarrollo nacional. Así podrá generar más empleos, con mayor capacidad profesional y técnica, y crear condiciones para mejorar el ambiente de competitividad ante los retos de la economía global.

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