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Discurso de Orlando Jorge Mera, acto de graduación Universidad UAPA en Santiago

Enviado en 14 octubre, 2007 Para 9:17 am Escrito por en Ponencias

Domingo 14 de octubre 2007. Universidad Abierta para Adultos (UAPA) de Santiago, en el marco de la 19 graduación de 474 profesionales.

Señoras y señores:

Constituye para mí un honor que las autoridades de la UAPA que me seleccionaran para ser el orador invitado en esta ceremonia de graduación de más de cuatrocientos profesionales que esta alta casa de estudios entrega hoy a la República Dominicana.

La primera vez que tuve la ocasión de dirigirme públicamente en una ceremonia de graduación de educación superior fue en el año 1991, es decir hace 16 años, cuando me gradué de Licenciado en Derecho, como el estudiante que, en nombre de los graduandos, expresara las palabras de agradecimiento.

De ahí es que cuando recibí la gentil invitación de estar aquí presente, sentí, por un lado, la sensación del paso del tiempo, y por otro lado, la de una oportunidad hacer algunas reflexiones sobre nuestras instituciones democráticas, base fundamental para el desarrollo económico, político y social de nuestro país.

Hace 16 años, cuando yo me gradué de la universidad, al otro día de mi graduación, tomé la decisión de insertarme en el mercado laboral, me enfrenté a los mismos problemas que tiene hoy la sociedad dominicana, quizás más agravados por los efectos del derrumbe de las fronteras y del acortamiento de las distancias, como consecuencia de la globalización. Ciertamente, la brecha social se ha ampliado en los últimos tiempos.

Falta de institucionalidad, ausencia de transparencia en el Estado, la inexistencia de un plan nacional de desarrollo que comprenda la solución a corto, mediano y largo plazo de la educación, la salud, la alimentación, la seguridad ciudadana, el empleo, la vivienda, y los servicios públicos, de manera especial el de la energía eléctrica, son las características fundamentales que retratan la realidad de nuestro país. Desde hace muchos años.

Claro que hemos avanzado en algunas áreas como, por ejemplo, en el Poder Judicial, a partir de la reforma constitucional de 1994, y con la designación de la actual Suprema Corte de Justicia en el 1997. Este ha sido un logro de toda la sociedad dominicana, que tiene que ser reforzado para que el Poder Judicial siga siendo un poder independiente, fuerte y moderno.

También, hay que señalar que la República Dominicana ha adoptado un conjunto de leyes muy importantes que han revolucionado y están revolucionando nuestra forma de actuar en nuestros quehaceres diarios, como lo es la Ley de Seguridad Social, aún cuando no ha habido la responsabilidad política para asumir este tema, preservando el rol del Estado como un ente regulador.

Sin embargo, lo que muchos ciudadanos nos preguntamos, es de ¿qué sirven las leyes, si las mismas, en su generalidad, no se cumplen? Tanto esfuerzo en tiempo y en recursos que se invierte para la promulgación  de una ley, si el Estado es ineficaz en su cumplimiento. He aquí el punto nodal de esta cuestión.

Es difícil exigir a los ciudadanos el cumplimiento de la ley, si el Estado, en sus distintas vertientes, no la cumple. Por ejemplo, tenemos el caso de la Ley de Acceso a la Información Pública que obliga al Estado a ser transparente en todas sus actuaciones, y a informar a la ciudadanía de todo cuanto acontece en la Administración Pública. Muy pocas instituciones públicas lo hacen. Y ya se han registrado casos flagrantes de incumplimiento de esta ley, que han obligado a los ciudadanos interesados a tener que recurrir a la justicia para que el Estado puedan entregar determinadas informaciones. Así no se puede construir una Nación moderna y transparente.

El más reciente Índice de Desarrollo Democrático, que evalúa la calidad de la democracia, ha señalado que, de todo el Continente Americano, la República Dominicana fue el país que más retrocedió al bajar del lugar 10 (que teníamos en el 2006) al puesto 16. Hay que aunar esfuerzos para evitar el deterioro institucional del país afecta nuestra credibilidad internacional.

Necesitamos, por tanto,  un “gobierno de leyes, y no de hombres”. Un Estado en el que impere la ley, en el que se respeten los derechos de los ciudadanos, y en el que exista una justa distribución de la riqueza.

¿A cuál Estado aspiramos?

Un estudio reciente de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), titulado “Visiones del Desarrollo en América Latina” (2007), enlista las trece capacidades que debe tener un Estado para realizar eficazmente sus funciones esenciales, para así poder mantener la estabilidad macroeconómica y garantizar el crecimiento económico, formular promesas creíbles a largo plazo, y garantizar políticas que no estén a la merced de los intereses especiales.

Esta lista de trece capacidades fue preparada por Kent Weaver y Bert Rockman en el 1993, y les ruego que, al mencionar cada una, analicemos en nuestro interior, si el Estado Dominicano está cumpliendo con las mismas:

“1.- Establecer y mantener prioridades entre las muchas demandas conflictivas que reciben, de modo que no se vean abrumados ni en bancarrota.”

“2.- Dirigir los recursos allí donde sean más efectivos.”

“3.- Innovar cuando las viejas políticas han fracasado.”

“4.- Coordinar objetivos en conflicto en un todo coherente.”

“5.- Ser capaces de imponer pérdidas a grupos poderosos.”

“6.- Representar a los intereses difusos y desorganizados, además de a los más concentrados y bien organizados.”

“7.- Asegurar la efectiva implementación de las políticas gubernamentales una vez que han sido decididas.”

“8.- Garantizar la estabilidad política para que las políticas tengan tiempo de funcionar.”

“9.- Establecer y mantener compromisos internacionales en el ámbito del comercio y de la defensa nacional para garantizar el bienestar a largo plazo.”

“10.- Gestionar las divisiones políticas para garantizar que la sociedad civil no degenere en una guerra civil.”

“11.- Garantizar la adaptabilidad de las políticas cuando los cambios en las circunstancias así lo requieran.”

“12.- Garantizar la coherencia entre los diversos ámbitos de las políticas, de modo que las nuevas políticas encajen bien con las ya existentes.”

“13.- Garantizar una coordinación eficaz entre los diversos actores que operan en un mismo ámbito de política.”

Ante la realidad de que los diversos gobiernos no han sido capaces de resolver los serios problemas nacionales, que nos afectan desde hace muchos años, hay convenir en que se hace necesario redimensionar el rol del Estado, para convertirlo de un Estado clientelista y asistencialista, a un Estado más eficiente, más transparente, que cueste menos, y que haga más.

Los dominicanos quieren más democracia, más oportunidades, más empleos, más educación, más salud, más seguridad social.

Para ello, el año 2008, a partir de los resultados de las elecciones presidenciales, independientemente de quien resulte victorioso, debe ser el año en el que se formalice el  pacto político, social y económico que tengan por objeto trazar, a corto, mediano y largo plazo, la solución a los problemas cruciales que tiene la República Dominicana, sobre todo, en las áreas de mejorar las condiciones de vida, seguridad ciudadana, educación, salud y energía eléctrica, de manera que, independientemente de quien esté gobernando, todos los dominicanos asumamos estas tareas.

No puedo concluir sin hacer una reflexión sobre la educación, eje fundamental del desarrollo de la República Dominicana. Sin educación, no hay desarrollo.

Como bien ha señalado el sociólogo catalán Xavier Bonal, en la obra “Globalización, Educación y Pobreza en América Latina ¿Hacia una nueva agenda política? (2006), “El escenario de globalización económica ha reforzado en el discurso político la importancia de la inversión en educación como instrumento fundamental para la competitividad y el crecimiento económico, para la mejora de la productividad laboral y para acelerar la difusión de información en la sociedad del conocimiento. Al mismo tiempo, ha acentuado la necesidad del acceso a la misma como mecanismo de defensa de la exclusión social y la pobreza. A ello hay que añadir el interés reciente en valorar la importancia de la educación como mecanismo generador de mayor cohesión social, de cultura democrática y de mejores prácticas institucionales (good governance)”.

Definitivamente, hay que hacer un compromiso nacional serio, responsable y transparente por la educación y la educación superior en la República Dominicana. Mejor dicho, un compromiso por la calidad en la educación, con todos sus componentes y vertientes. Aquí está el presente y el futuro de nuestro país.

Señoras y señores, al tiempo de felicitar a cada uno de los graduandos por haber culminado esta etapa crucial de sus vidas, permítanme darles un consejo: Por más reconocimientos que se pueda obtener a través del esfuerzo intelectual y del trabajo honrado y digno, nunca pierdan de vista dos aspectos fundamentales: Primero, todo en la vida es transitorio,  nada es permanente. El tiempo vuela con el abrir y el cerrar de los ojos. Y segundo, debemos ser cada día más humildes en nuestras actuaciones, respetando el derecho ajeno. Así seremos mejores ciudadanos.

Muchas gracias.

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