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Es tiempo de pactar

Enviado en 03 noviembre, 2007 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

El paso de la Tormenta Noel por la República Dominicana confirma, de manera contundente, la existencia de la paradoja de nuestra economía, como la ha llamado el Padre José Luis Alemán. Las cifras del crecimiento económico no se compadecen con la realidad que viven 42 de cada 100 dominicanos que están sumidos en la pobreza.

Durante estos días, he recorrido distintos puntos del país, de manera especial, los barrios de La Ciénaga y La Zurza en el Distrito Nacional, Cotuí, Fantino, Maimón, Piedra Blanca, Bonao, San Cristóbal y Baní, y lo que ha brotado desde el mismo corazón de la tierra, es la pobreza en que viven la mayoría de los dominicanos. En adición a las pérdidas irreparables de vidas, es notable la ausencia de viviendas bien construidas, la falta de infraestructura vial, pocos centros de refugios con condiciones mínimas humanas y la deficiencia en los servicios públicos. El diagnóstico es largo y profundo.

No es el momento de establecer responsabilidades políticas, pero ciertamente es preocupante que el gobierno haya priorizado en la construcción del Metro de Santo Domingo, cuando esos recursos pudieron destinarse a mejorar las condiciones de vida de los dominicanos, de manera particular en educación, salud, vivienda, infraestructura y alimentación. La situación hubiese sido diferente.

Ahora las demandas son y serán mayores. Y las soluciones no pueden ser sobre la base del clientelismo y el asistencialismo, que tanto rechazo tiene en la sociedad dominicana. Hay que buscar soluciones que perduren, de corto, mediano y largo plazo. Hay que, al margen de las diferencias políticas, dialogar y convenir pacto de respeto mutuo que tenga por objetivo crear el tan deseado plan nacional de desarrollo. Que todas las fuerzas políticas, sobre todo aquellas que tienen representación en el Congreso Nacional, los sectores económicos y sociales dialoguen para convenir este pacto que trace el cronograma de implementación a partir de las elecciones del 16 de mayo de 2008, independientemente de quien resulte ganador.

La experiencia de los Pactos de la Moncloa en España, guardando la distancia, y como elemento de referencia, es aleccionadora.

No debe ser un pacto ambicioso que sea difícil su ejecución. Debe estar centrado en las solución a los principales problemas nacionales: pobreza, inseguridad ciudadana, educación, servicios públicos y salud. Cada una de estas áreas, con transparencia, debe ser objeto de las reformas institucionales correspondientes.

La convocatoria debe ser asumida por la más alta expresión de la voluntad política del país. La clase política debe dar una muestra de madurez. Con transparencia. Con respeto. Aunque existen diferencias, tenemos que avanzar como país.

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