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La Constitución, abatida

Enviado en 10 noviembre, 2007 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

El pasado martes 6 de noviembre se conmemoró el 163 aniversario de la Constitución de San Cristóbal. Este aniversario encontró al pueblo dominicano conmovido en el dolor causado por las vidas perdidas durante la tormenta Noel, e inmerso solidariamente en labores de recuperación del país. Este hecho lamentable impidió forzosamente que durante ese día se hicieran algunas reflexiones sobre la Constitución de la República, la fuente originaria de nuestros derechos y deberes.

Aprovecharé, por lo tanto, esta entrega de hoy para expresar mis preocupaciones sobre el franco deterioro institucional que vive actualmente la democracia dominicana, a consecuencia de la falta de respeto que se tiene, desde el poder público, a la Constitución.

No resulta ocioso recordar que el 16 de agosto de 2004, con motivo de su toma de posesión, el Presidente Leonel Fernández prestó el juramento prescrito por el artículo 54 de la Constitución que dispone: Juro por Dios, por la Patria y por mi honor, cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República, sostener y defender su independencia, respetar sus derechos y llenar fielmente los deberes de mi cargo.

Desde 1844, la Constitución dominicana ha sido modificada 37 veces. Hemos tenido profundas y positivas reformas constitucionales, y también hemos tenido muy malos precedentes que respondieron a las necesidades coyunturales del momento. Pero nunca antes la Constitución dominicana había sido tan abatida, golpeada y humillada como lo ha sido bajo el mandato del presidente Fernández.

Ni siquiera en los gobiernos más autoritarios que ha tenido la República Dominicana se recuerda que un Primer Mandatario tuviere una conducta totalmente a espaldas del texto constitucional. Pues aun aquellos gobernantes guardaban las formalidades establecidas por la Constitución de la República y el requisito de la aprobación de las memorias anuales por parte del Congreso Nacional era obligatorio y de rigor. Hoy día, desafortunadamente, el Congreso Nacional, el principal contrapeso, ha perdido la capacidad de ejercer su poder de control, como consecuencia de la mayoría oficial que gobierna este Poder del Estado.

El último golpe asestado a la Constitución es el préstamo de US$130 millones, autorizado y ejecutado por el Presidente Fernández sin la aprobación del Congreso Nacional. Una flagrante violación constitucional que pese a las explicaciones dadas hasta la fecha, lejos de aclarar, ha comprometido una vez más la responsabilidad del Presidente en este agravio a la Carta Magna.

Su sagrado juramento del 16 de agosto de 2004 está profundamente cuestionado. La Constitución está abatida. Sin embargo, por su fuerza y ánimo interior, representados en la soberanía popular, será reivindicada con el establecimiento de la verdad. Sin prisa, pero con firmeza.

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