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De que viviremos?

Enviado en 01 marzo, 2008 Para 3:00 pm Escrito por en Artículos de opinión

En el transcurso de la semana estuve de visita en Santiago, una de las ciudades que más ha sufrido la desatinada política económica del presidente Leonel Fernández. Sólo para recordar que más de 60,000 personas han sido despedidas de sus empleos a consecuencia de la grave situación que están viviendo las zonas francas de la ciudad. Esto sin contar los negocios, comercios y empresas que sufrieron daños irreparables con motivo del paso de la Tormenta Olga, y el desagüe de la Presa de Tavera.

La respuesta del gobierno no ha sido la más adecuada. Ha invertido más de 500 millones de pesos en la remodelación del Monumento, el alumbrado del centro de la ciudad, la remodelación del Palacio de los Deportes y el Estadio Cibao. Asimismo, ha anunciado la construcción de un parque de zona franca, que se ha interpretado como una medida electorera, puesto que, en vez de atender directamente a los problemas que afectan a las zonas francas, se embarca en la construcción de un parque, cuyo impacto no ha sido debidamente medido.

Por otra parte, es muy poco lo que oficialmente se sabe del Fondo para la Preservación y Creación de Empleos, cuya finalidad ha de ser resolver la crisis que está afectando a las zonas francas. Originalmente se anunció que era un fondo de 1,200 millones de pesos, que sería manejado como financiamiento a las empresas solicitantes. Al final, muy pocas empresas han sido beneficiadas con este mecanismo. Lo mismo ha sucedido con el fondo creado para atender los daños ocasionados a los productores de plátano y banano de la Línea Noroeste. Muchas ilusiones, pocos resultados.

Lo que los habitantes de Santiago se preguntan, ante esta realidad, es: ¿De qué viviremos? La pregunta es muy legítima, porque con el cierre de importantes empresas de zonas francas, dedicadas fundamentalmente a la industria textil, no hay alternativas viables de empleo para satisfacer a los miles de desempleados, lo que, a su vez, genera un “efecto dominó”, pues no hay circulación monetaria en los negocios al detalle.

El gobierno ha sido lento en la promoción de un cambio de cultura laboral en los sectores afectados por la actual política económica. El cambio hacia el mundo de la alta tecnología, a través del establecimiento de los llamados “call centers” o centros de manufactura de productos tecnológicos, requiere de una mayor tecnificación de nuestros recursos humanos.

La educación, herramienta esencial para lograr este objetivo, ha tenido una muy baja inversión, incumpliendo con las disposiciones de la Ley General de Educación.

Las acciones del gobierno han estado centradas en el discurso de la modernización y de la tecnología, pero sólo con computadoras no se incrementa el desarrollo integral de nuestros jóvenes. Hay que tomar en cuenta también a aquellos técnicos desempleados de zonas francas que necesitan aumentar sus niveles de educación para insertarse en los nuevos mercados laborales.

Para generar nuevas fuentes de empleo, se requiere innovación y visión a largo plazo, dos elementos ausentes en el actual gobierno.

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