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Transición presidencial

Enviado en 23 enero, 2010 Para 11:02 am Escrito por en Artículos de opinión

El período más difícil para un presidente es el que transcurre entre el momento en que democráticamente se elige a su sucesor, al presidente electo, y la fecha en que entrega la banda presidencial. En inglés, al presidente se le denomina como lame duck, o pato caído. Por estas latitudes, en donde la institucionalidad no es fuerte, es un período muy complejo, pues por la misma condición humana, salvo honrosa excepciones en su entorno, el presidente se queda casi solo. El “spotlight” se mueve hacia el presidente electo.

Personalmente, he vivido dos transiciones presidenciales (en mi país este período dura tres meses que va desde el 16 de mayo al 16 de agosto, de cada cuatro años), tanto a la subida como a la bajada (en total, 4). La primera que me tocó vivir a primera mano fue cuando mi padre fue electo presidente de la República Dominicana en el 1982, y luego cuando mi padre entregó la banda presidencial en el 1986. La segunda me correspondió vivir en un plano más indirecto fue cundo Hipólito Mejía fue electo presidente de la República en el 2000, y luego cuando Mejía entregó la banda presidencial en el 2004. En la primera ocasión, yo era parte de la familia presidencial. En la segunda ocasión, era colaborador y funcionario de gobierno.

En ese período de transición, el presidente saliente debe tratar de ocupar lo más que pueda su tiempo. No se trata de competir con el presidente electo. Pero, el presidente saliente debe tener su agenda concentrada en sus actividades oficiales. El mejor modelo es lo que está haciendo la presidenta Michelle Bachelet con su agenda. La transición es de que cincuenta días, y están todos debidamente planificados. Es una excelente manera de vivir los últimos días de su gestión presidencial.

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