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Insulza

Enviado en 27 marzo, 2010 Para 11:16 am Escrito por en Artículos de opinión

La reelección de José Miguel Insulza como secretario general de la OEA es un indicio de la indefinición en la que está sumido el organismo hemisférico respecto a su rol en el fortalecimiento de la democracia en el continente americano. A diferencia de cuando fue electo por primera vez, en esta ocasión, su reelección, aunque fue por aclamación, reveló un desinterés de los principales países americanos en promover una plataforma de cambios.

Durante la crisis generada por el golpe de Estado en Honduras, el papel de la OEA fue muy triste, toda vez que su intervención fue pasiva y permisiva, permitiendo que quienes perpetraron esta acción se legitimaran, en una clara violación a la Carta Democrática Interamericana. Por primera vez, la OEA permitió un golpe de Estado por la vía constitucional, lo que fue luego ratificado por la ineficacia en la reposición del entonces presidente derrocado.

Esta era la gran oportunidad de exigir un nuevo rol para la OEA. Más activo, más coherente y más independiente. En el caso de Honduras se le vio a la OEA muy atada de las manos, al extremo de que la solución final fue decidida por la política exterior norteamericana. Por lo tanto, Brasil se mostró muy pasivo ante la reelección de Insulza, pues al presidente Lula le interesan otros foros. Lo mismo ocurre en otros países, gobernados por la izquierda, que han visto cómo la OEA ha perdido su dinamismo.

Insulza tiene ahora la gran oportunidad de plantear una nueva visión de la OEA, menos burocrática, y más vinculada al desarrollo político, económico y social. Se impone una revisión y adecuación de la Carta Democrática para impedir que el caso de Honduras se vuelva a repetir. Ojalá que luego no sea muy tarde.

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