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El Partido del Estado

Enviado en 19 junio, 2010 Para 12:12 pm Escrito por en Artículos de opinión

En la entrega anterior, pasé revista a los resultados numéricos sobre el posicionamiento electoral del PRD en las elecciones recién pasadas. El PRD fue el partido más votado al obtener el 43%.

Y necesariamente, hay que partir de una realidad: A pesar de ser el partido más votado, el PRD no tendrá representación en el Senado de la República, al menos, si tomamos en cuenta la decisión absurda y carente de base legal de la Cámara Contenciosa de la JCE que ha cerrado el capítulo de la Senaduría de Pedernales a favor del PLD, cuando se sabe que fue ganada por el PRD. Se interpondrá un recurso de revisión, pero, el designio del gobierno y del PLD es claro, reflejado a través de las declaraciones públicas de sus principales voceros.

Por lo tanto, el PLD tendrá el Senado como caja de resonancia de las directrices del gobierno. En el Senado, los dominicanos no estaremos representados. Solo una parte de nuestro país. Esta realidad representa una anomalía grave en la democracia dominicana, pues distorsiona de manera dramática la voluntad de los ciudadanos, la voluntad soberana del pueblo.

Es una demostración de que se ha cumplido con el interés del PLD y el gobierno, que es todo lo mismo, de controlar los distintos estamentos orgánicos que, en virtud de la nueva Constitución, deberán designar los miembros e integrantes del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y la Junta Central Electoral, sin que exista una representación en esos organismos de decisión constitucional, ajustada a la realidad electoral. El sistema, por lo tanto, ha fallado.

El otro factor importante es que todo lo anterior ha ocurrido y, como consecuencia del peso mediático del gobierno, que salvo honrosas excepciones, se percibe que la situación que está viviendo la democracia dominicana es normal y adecuada. En el fondo, lo que sucedió en el pasado proceso electoral fue un golpe certero, bien planificado y ejecutado, para continuar el proceso de estatización del partido oficial.

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