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El poder

Enviado en 04 diciembre, 2010 Para 9:55 am Escrito por en Artículos de opinión

Unos meses después de mi padre haber asumido la presidencia de la República Dominicana, el 16 de agosto de 1982, nos dió a Dilia y a mí, el mejor consejo de toda la vida: “No se acostumbren al poder… ustedes van a tener durante cuatro años muchas amistades nuevas, tendrán muchas invitaciones, pero, luego de cuatro años, volveremos a nuestra casa. El poder es como una sombra que pasa. Mantengan siempre su sencillez y la humildad que siempre le hemos inculcado en nuestro hogar”.

El 16 de agosto de 1986, cuando llegamos a la casa, después de que mi padre hubiese entregado la banda presidencial, estábamos unos cuantos, sus amigos de siempre. Toda aquella parafernalia que envuelve las mieles del poder ya era cuestión del pasado. Se comenzaba a sentir el sabor amargo de la sábila representada en la desgracia política. Ese día escuchamos los decretos presidenciales con las nuevas designaciones en la quietud de nuestro hogar. Se iniciaba una etapa en su vida, marcada por una feroz persecución.

El tiempo se encargó de ir colocando las cosas en su justo lugar. La verdad resplandeció. Siempre mantuvo en alto su humildad, su sensatez y su entereza. Aquella lección permanece imborrable. Muy pocas personas han transitado por las mieles del poder y el amargo de la sábila que representa la desgracia política. La clave es estar consciente de la transitoriedad. El poder es transitorio, nada es permanente. Y no guardar rencor ni odio contra nadie.

Cuando veo a mi padre librando la lucha más difícil de su vida, confirmo su tenacidad. Mi padre siempre ha luchado contra viento y marea, como todo un gladiador. Al verlo librar esta batalla crucial, tengo presente esa lección: Definitivamente, el poder es como una sombra que pasa… como la vida misma.

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