Un envio del blog

Testimonio

Enviado en 21 mayo, 2011 Para 10:57 am Escrito por en Artículos de opinión

La noticia del fallecimiento del general retirado Rafael Antonio Reyes Jorge trajo a mi memoria episodios que permanecerán en el recuerdo. Aunque teníamos vínculos familiares, nunca le pude tratar con frecuencia. Sólo le veía ocasionalmente, pero las pocas veces que le vi, exhibía su gran virtud, la de la solidaridad, especialmente en momentos muy difíciles para mis padres.

Después que mi padre, Salvador Jorge Blanco, terminó su mandato constitucional el 16 de agosto de 1986, y se inició la persecución política en su contra, entrando mi padre en su etapa de “desgracia política”, fue cuando pude conocer y apreciar la personalidad de Reyes Jorge, a quien le decíamos “el primaso”, cariñosamente. Siempre atento a todo.

Eran momentos en los que la soledad se sentía en la piel, y en donde se reconocía el gesto solidario, en un medio en donde el oportunismo marca y define la conducta de muchos que están en la actividad política, y navegan según esté la corriente. Reyes Jorge era una excepción.

Recuerdo que, en su carro, un Lincoln Continental, conducido por él, nos trasladamos desde mi casa a la Embajada de Venezuela en Santo Domingo, al amanecer del 30 de abril de 1987, cuando mi padre decidió asilarse. En el vehículo iban otras personas, a quienes mis padres y mi hermana Dilia, guardamos profundo agradecimiento.

Ese gesto del “Primaso” nunca lo olvidaré. Sé las represalias oficiales de que él fue víctima luego de ese hecho. Desde entonces, se apartó de la vida pública, y se dedicó a la agricultura en Salcedo. Militar, piloto y servidor público, íntegro. Tanto Dilia como yo, hicimos amistad con su hijo José Omar, quien falleció hace varios años.

Mis condolencias a Rosario, y a sus hijos, Olga, Rosario, Rafael, Elizabeth, Dorka, Bolívar y Pedro. Paz a sus restos.

respuesta