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¿Culpas ajenas?

Enviado en 13 octubre, 2012 Para 9:23 am Escrito por en Artículos de opinión

Ha sido práctica constante en la política dominicana atribuir responsabilidades a los gobiernos anteriores, especialmente cuando el presidente saliente corresponde a una parcela política distinta a la del presidente entrante. Quien mejor describe esa realidad es el propio Joaquín Balaguer en su obra “Entre la sangre del 30 de mayo y el 24 de abril” cuando, en el capítulo relacionado con el “neotrujillismo” afirma que una de las mejores técnicas es atribuir sus propias faltas al adversario.

La historia dominicana tiene capítulos que revelan hasta dónde ésta práctica ha debilitado la institucionalidad democrática, por cuanto, excepto honrosas excepciones, los proyectos continuistas y mesiánicos son los responsables del desdoblamiento de los poderes del Estado para corresponder exclusivamente a la voluntad del César.

En el caso del PLD, que a través del uso de los recursos del Estado y de determinadas maniobras constitucionales, se apoderó de todos los poderes del Estado, es evidente que existe un acuerdo de cohabitación interna que asegura, por un lado, intocabilidad para quienes ejercieron el poder en los últimos 8 años, y, por otro lado, la continuación del aparato partidario incrustado en el Estado mediante la aplicación de parchos tributarios que aseguren la permanencia y sobrevivencia de los privilegios irritantes de funcionarios y asesores en los diferentes organismos del Estado.

Bajo el mejor estilo balaguerista, ocho años después de que el PLD asumiera el poder, hoy, en 2012, el expresidente Leonel Fernández atribuye que la causa del actual déficit fiscal (que sobrepasa los RD$150,000MM) es culpa del gobierno del PRD (2000-2004), cuando hasta el propio FMI, ha explicado que ese déficit es una consecuencia del excesivo gasto público incurrido por el gobierno del propio Fernández este año.

El modelo de ejercer política debe cambiar. Seguir la tradición caudillista es regresar al pasado. Atribuir sus propias faltas a sus adversarios no es propio del ejercicio político ético. Desterremos esa práctica. Asumir la política con transparencia y responsabilidad es lo que demanda la República Dominicana.

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