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El Leviatán

Enviado en 03 noviembre, 2012 Para 10:59 am Escrito por en Artículos de opinión

El martes 6 de noviembre se celebra el 168 aniversario de nuestra primera Constitución. La ocasión es propicia para reflexionar en este nuevo aniversario sobre la más reciente Carta Magna, promulgada en 2010, especialmente sobre los poderes del Estado.

Oportuno es recordar que el nacimiento mismo de la actual Constitución estuvo precedido de unas consultas populares que arrojaron que la mayoría de los dominicanos querían que la nueva Carta Sustantiva fuese adoptada a través de la Constituyente, resultados que fueron obviados por el gobierno de entonces. Dos años después nos hemos dado cuenta de la razón que tuvo el gobierno para no optar por esa vía, sino la de la modificación por la vía del Congreso Nacional.

La razón está hoy a la vista de todos. El gobierno prefirió concentrar en el Ejecutivo la capacidad y la discrecionalidad para el manejo de los fondos públicos de tal suerte que, en las elecciones de 2010, pudiese imponer la voluntad popular y obtener mayoría en ambas cámaras legislativas.

Cumplido ese primer paso, con el control del Congreso Nacional, el Ejecutivo continuó su estrategia de extender su manto de influencia en las Altas Cortes: Suprema Corte de Justicia, Tribunal Superior Electoral y Tribunal Constitucional, y lo logró. Pero, no se quedó ahí. También, el Ejecutivo controla la Junta Central Electoral y la Cámara de Cuentas.

Basta con leer los informes de la Cámara de Cuentas sobre la gestión de las autoridades gubernamentales para darse cuenta de lo anterior. O, basta con leer las decisiones judiciales que involucran a funcionarios públicos del partido de gobierno para comprender lo que está ocurriendo en el país: El partido oficial se ha apoderado del Estado.

Lo vemos ahora con el déficit fiscal, responsabilidad directa del gobierno anterior y del actual. Se ha resucitado el Leviatán, aquel monstruo que tiene un poder descomunal, y que Thomas Hobbes lo describe genialmente. Contra el Leviatán, nos queda el poder soberano, que reside en el pueblo, en la gente, ejerciendo nuestros derechos en democracia.

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