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Política del oro

Enviado en 06 abril, 2013 Para 9:49 am Escrito por en Artículos de opinión

Cuando el juicio de la historia pase balance sobre la conducta de los gobernantes dominicanos con relación a la preservación de los intereses nacionales en la mina de oro de Cotuí, que está catalogada entre los diez yacimientos más importantes del mundo, deberá reconocer el rol de los presidentes Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía.

Cada uno lo hizo a su propio estilo, en tiempos y circunstancias diferentes, pero los tres protegieron el patrimonio nacional, de manera muy especial lo que era la Rosario Dominicana, que para 1978, estaba en manos extranjeras. En una decisión histórica, Guzmán nacionalizó la Rosario, devolviendo este patrimonio al pueblo dominicano, y colocando la política minera dentro de la agenda nacional.

Mi padre, Salvador Jorge Blanco, elevó la producción de oro a niveles superiores, con el proyecto de sulfuros, y mediante decreto presidencial regularizó las concesiones mineras que estaban paralizadas desde la década de los setenta.

Por falta de continuidad en el Estado, es en los noventa cuando la producción en la Rosario comienza a decaer, cayendo esta empresa en quiebra. Hubo, incluso, dos intentos fallidos de licitaciones públicas, una en el gobierno de Joaquín Balaguer, y otra en el primer período de Leonel Fernández.

Ya para el 2000, el estado de la Rosario era crítico, y fue el presidente Mejía el que impulsó una licitación internacional que fue calificada de sobresaliente por los organismos internacionales, y que resultó adjudicataria la Placer Dome, cuyo contrato fue considerado como beneficioso para el pueblo dominicano, que obtenía 53% para el Estado, mientras el 47% era para la empresa.

Con la adquisición de la Placer Dome por la Barrick Gold, hubo cambio en las reglas de juego, y el presidente Fernández autorizó la enmienda al contrato en 2009: 3% para el Estado, y 97% para la empresa. Un contrato oneroso y perjudicial para el pueblo.

El presidente Danilo Medina tiene la oportunidad de revertir y cambiar la situación en beneficio del país, y así también, entrar al círculo de presidentes que han defendido el patrimonio minero nacional.

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