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Del Estado regulador al Estado interventor

Enviado en 26 octubre, 2013 Para 11:42 am Escrito por en Artículos de opinión

Una de las principales conquistas de la democracia dominicana, como fue la de fijar los términos y los límites de la acción del Estado sobre una serie de ejes esenciales en el ámbito de los servicios públicos, y que fue motivo de reconocimiento en el plano internacional, es parte del pasado. A nueve años de gobierno del PLD, el Estado regulador existe en textos y en palabras, pero no en acciones y hechos.

El PLD está escribiendo el obituario del Estado regulador. No hay un área de la economía ni de los servicios públicos, en los que la regulación funcione con sus principios cardinales de autonomía, independencia y transparencia. La corporativización del partido oficial, lo cual ha hecho que sus intereses comerciales vinculados a la política, ha provocado que desde el gobierno, se promueva que el principio de la legalidad, consignado en la Constitución y en las leyes, base del Estado regulador, sea letra muerta, y por ello, en muchas situaciones, el Estado ha dejado de ser juez, y se ha convertido en parte, en desmedro de su propia autoridad.

El ogro filantrópico, como describió Octavio Paz, al Estado mexicano, ha vuelto a retomar sus raíces en nuestra sociedad. Incluso, hasta el Leviatán, de Thomas Hobbes, ha resucitado, cuando se pensaba que los organismos reguladores estaban formados para su control. Hoy, el Estado es interventor. Su rol de creador de políticas, de fomentar el marco de regulación, para que las diferentes fuerzas que interactúan en el sector privado sean las que marquen las pautas a seguir, ya no es así. Ahora, el Estado interviene, controla, manipula, y cambia las reglas de juego, bajo los formalismos de decisiones aprobadas por órganos estatales controlados por los designios del partido oficial.

El Estado regulador tiene sus virtudes y sus defectos, pero, sin dudas, las luces son más que las sombras. Lo que es inaceptable es el Estado interventor. No más retrocesos democráticos. Hay que rescatar el Estado regulador, antes de que sea demasiado tarde.

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