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Oscar de la Renta

Enviado en 23 octubre, 2014 Para 12:20 pm Escrito por en Artículos de opinión

Tuve el privilegio y el honor de conocer a don Oscar de la Renta, y en ocasiones muy puntuales, conversar sobre temas vinculados a la democracia y a la política. Don Oscar cultivó amistad con mis padres, muy especialmente con mi madre, a quien visitaba, y muchas veces, cuando estaba en Punta Cana, la llamaba por la vía telefónica. Son gestos que hablan mucho de sus condiciones humanas, y sobre todo de la amistad.

Recuerdo que en momentos muy difíciles para mi familia, cuando mi padre fue víctima de una feroz persecución política, época en la que sufrió de la soledad que solo los que la han vivido la pueden describir, don Oscar tuvo detalles que nunca olvidaré, y que conservo en mi memoria. Don Oscar fue amigo de sus amigos, en las buenas y en las malas. Mi familia está altamente agradecida.

Hombre de extraordinarias relaciones con las élites del poder político, económico y social en Estados Unidos y en Europa, don Oscar rindió servicios honoríficos al país, siendo nuestro más alto Embajador a nivel internacional, sin recibir nada a cambio. Solo pensaba en el interés nacional. Las puertas de la Casa Blanca se abrían cuando don Oscar las tocaba, y esto, es de un valor extraordinario.

Hasta ahora, la única visita de Estado a la Casa Blanca por parte de un presidente dominicano, fue cuando mi padre fue recibido por el presidente Ronald Reagan en 1984. En la Cena de Gala, mi madre vistió un hermoso vestido diseñado por don Oscar, y por supuesto, él estaba presente, e hizo invitar a reconocidas estrellas del cine y del arte a la referida actividad. Esos mismos detalles tuvo con otros presidentes dominicanos y las primeras damas.

Las veces que Hillary y Bill Clinton, Henry Kissinger y los sobrinos del presidente Kennedy, entre otros políticos americanos, han visitado a República Dominicana fue gracias a sus relaciones con don Oscar. Era una forma de presentar otra cara del país, que de seguro ayudó a comprender diversos temas en las relaciones bilaterales.

Mi última conversación con don Oscar fue en 2010 en su casa de Punta Cana. Gran anfitrión, excelente diplomático, maestro de la moda, y sobre todo, un demócrata. Descanse en paz.

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