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Camino de doble vía

Enviado en 15 enero, 2015 Para 2:35 pm Escrito por en Artículos de opinión

El compartir un mismo territorio, una historia de encuentros y desencuentros, y el fenómeno migratorio desde Haití como directa consecuencia de una crisis profunda a nivel económico, político y social, ha condicionado las relaciones entre República Dominicana y el vecino país, llevando a algunos incluso a sostener erradas tesis de invasión, fusión y desestabilización, tratando de meter miedo, dejando en segundo plano la voluntad mayoritaria tanto del pueblo haitiano como del dominicano de convivir de forma respetuosa.

Hechos de violencia contra cualquier ciudadano dominicano en cualquier parte del mundo es absolutamente condenable, y de ocurrir, la respuesta del Gobierno y de las entidades pertinentes debe ser tan categórica como firme, pero al mismo tiempo responsable. El diálogo es el camino idóneo para que los Gobiernos se entiendan y actúen en conjunto contra quienes pretenden hacer de la violencia la regla.

Comenzando el 2015 vi con preocupación los hechos ocurridos en el Consulado Dominicano en Anse-A-Pitre, episodio que trae a la memoria malos recuerdos de por ejemplo, lo ocurrido en Bogotá en 1980.

Ahora bien, se trata de situaciones aisladas, casos excepcionales. Basta con recordar que el último episodio de esta naturaleza en Haití se llevó a cabo en 1963, y aunque no es menos grave, debemos poner en su justa medida el contexto de la realidad de ambos países, especialmente con el presente haitiano, devastado por la crisis económica, el desafío de la reconstrucción tras el terremoto de 2010 y la debacle política que tiene al presidente Martelly con llamados a renunciar.

República Dominicana y Haití están irremediablemente relacionados por el territorio que compartimos. Difundir amenazas y miedo no es la solución. El avance de nuestros pueblos será real y sostenible si se establecen mecanismos efectivos de intercambio comercial; si se regulariza la situación migratoria y si se respeta cabalmente las leyes y la Constitución. El gran Benito Juárez lo dijo con claridad: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

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