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Más acción, menos palabras

Enviado en 05 marzo, 2015 Para 12:30 pm Escrito por en Artículos de opinión

Al conmemorarse el 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer, es preciso reflexionar sobre la deuda pendiente que la sociedad tiene con la mujer, 50% o más de la población mundial; protagonista de la historia pasada y reciente, y que, a pesar de las zancadillas de la violencia y la discriminación, ha salido adelante en nombre de la dignidad, la igualdad de derechos y la equidad para el bien personal y colectivo.

En América Latina y el Caribe la realidad de la mujer es aún precaria. A pesar de que su inserción educacional es admirable, especialmente en la universidad, donde acaparan el 61% de las inscripciones, según el Ministerio de Educación y la Oficina Nacional de Estadísticas, la mujer no ingresa al campo laboral con la misma facilidad y mucho menos recibe el pago justo por el trabajo que realiza.

A pesar de que son más las mujeres preparadas a nivel académico, la tasa de desempleo femenina es 2.5 veces mayor que la del hombre (23.31% vs 9.29%); peor aún, el promedio de diferencia salarial entre hombres y mujeres llega al 20%, de acuerdo al PNUD, aun cuando realizan el mismo trabajo con igual o superior efectividad que un hombre.

Es lisa y llanamente una agresión a los derechos de la mujer. Recibir educación pero no tener las mismas oportunidades de acceso laboral, y de tenerla, recibir un pago menor en comparación al sexo masculino. De ahí que se afirme que la pobreza tiene cara de mujer, que es jefa y sustento del 90% de los hogares que están encabezados por un solo miembro.

Por eso abogamos por políticas públicas que vayan más allá de una cuota femenina mínima. Se debe superar el “poner a una mujer” por obligación y pasar a establecer una meritocracia, que por preparación académica y capacidad, la mujer dominicana tiene méritos de sobra. Insertar a la mujer en el campo laboral, pagarle de forma justa, no solo es un acto de justicia, es también un acierto determinante para salir de la pobreza, el subdesarrollo y la inequidad. Es hora de más acción, menos palabras.

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